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Animales de compañía

Demogresca sin causas comunes

Juan Manuel de Prada

Hace algunas semanas escribí un artículo bastante virulento en el que denunciaba la depredación de la Universidad que nuestra casta política está perpetrando, ejemplificado en el caso en verdad mugriento de la catedrática Begoñísima, paradójica directora de másteres en los que no habría podido matricularse (por carecer de titulación universitaria alguna). El artículo me procuró muchos parabienes, como años atrás me los habían procurado otros que dediqué a denunciar los métodos chanchulleros empleados por líderes de la derecha para obtener titulación universitaria. Pero observé con melancólica tristeza que las personas que me felicitaban efusivamente por el artículo en el que ejemplificaba la depredación de la Universidad, glosando el caso mugriento de Begoñísima, estaban todas adscritas al negociado ideológico de derechas; como antes habían estado adscritas al negociado ideológico de izquierdas todas las que me habían felicitado por los artículos en los que denunciaba los métodos chanchulleros empleados por líderes de la derecha para obtener titulación universitaria.

Las oligarquías partitocráticas están organizadas innoblemente para el expolio de nuestros bienes materiales y espirituales

A quienes me felicitaban les importaba un ardite mi denuncia desgarrada de la conversión de la Universidad en un nido de 'simonías civiles' y en ... un sórdido puerto de Arrebatacapas, aunque fingiesen que les importaba (de forma sumaria y muy poco convincente, en uno y otro caso). La causa de su felicitación (y, sobre todo, de su felicidad) era la zurra que propinaba al personajillo que me servía como excusa para la denuncia. En general, las personas que me felicitaron en una u otra ocasión no son lo que conocemos por 'fanáticos' de tal o cual negociado ideológico, ni siquiera 'militantes' fervorosos; y, desde luego, todas ellas son personas que, si fuesen sometidas durante una temporada a un ayuno de sectarismos partidarios, podrían reconocer sin esfuerzo que la casta política está depredando la Universidad, como antes han hecho con otras instituciones beneméritas. Pero todas estas personas, que en condiciones normales habrían sido ecuánimes y cabales, viven inmersas en el líquido amniótico de lo que Leonardo Castellani llamaba la 'demogresca', ese clima de constante rifirrafe ideológico que anestesia la exigencia de bien común y de justicia y hace imposible la defensa de cualquier causa que no sea partidista.

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