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Animales de compañía

Deshumanizados

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

El implacable y premeditado proyecto de devastación de las disciplinas humanísticas lleva muchos años ejecutándose sin apenas resistencia. Las primeras damnificadas fueron las lenguas clásicas, por constituir un petulante desafío al utilitarismo y a la pedagogía de la facilidad, tal vez las dos mayores lacras de la educación moderna. En las lenguas clásicas anidan los secretos íntimos de nuestras lenguas romances (su sintaxis y su gramática, su música secreta y su forma dialéctica); en las lenguas clásicas anida también todo nuestro universo moral y espiritual: desde los géneros literarios hasta los conceptos de persona y familia, desde el derecho hasta la liturgia religiosa se formularon en griego y latín. Al arrebatar a las nuevas generaciones el estudio de las lenguas clásicas se las privó de la leche nutricia que fundó nuestra cultura. Y, paralelamente, se sometió también la Historia a paulatinos asedios y amputaciones, para completar este proceso. Sólo quien sabe de dónde viene puede saber hacia dónde va. Y, al jibarizar el estudio de la Historia, se aboga por crear nuevas generaciones sin identidad y sin arraigo, permeables a todas las formas de ingeniería social inventadas o por inventar.

Todas las leyes que se han sucedido durante los cuarenta últimos años coinciden en el paulatino arrinconamiento de las Humanidades

Tras el arrinconamiento de las lenguas clásicas se prosiguió con la Filosofía, madre de las Humanidades, pero también de las Ciencias; piedra angular sobre la ... que se sostiene toda forma de conocimiento que merezca tal nombre. Pues la Filosofía permite al hombre explicarse su lugar en el mundo, permitiéndole a la vez discurrir sobre las realidades metafísicas que dan sentido a la vida y reglamentar las realidades naturales (desde la política a la economía) conforme a criterios morales. Al convertir la Filosofía en una disciplina de relleno, nuestros pedagogos avanzaron en la consigna de condenar a las nuevas generaciones a la orfandad espiritual: tras extirparles la leche nutricia que fundó nuestra cultura, se las despojaba también del instrumento que permite ahondar en el conocimiento y apagar los estrépitos con que hoy se trata de matar nuestra curiosidad.

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