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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Educar e instruir

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Hace más de un siglo, Azorín se sublevaba en una serie de artículos contra lo que entonces había dado en denominarse 'escuela neutral' (el equivalente ... a lo que hoy llamaríamos 'laica' o 'aconfesional'), considerándola un semillero de individualismo. Para Azorín, solo podían existir dos tipos de escuela. la religiosa y la atea; y quienes apelaban a una escuela 'neutral', equidistante de ambas, solo podían ser emboscados o hipócritas. Azorín lanzaba al maestro de una escuela neutral las preguntas que han perseguido al hombre desde el comienzo de los tiempos ( ¿Existe Dios? ¿Existe el alma? ¿Existe una sanción ultraterrena? ). si las contestaba con un sí o un no ya había dejado de ser neutral; si las contestaba de otro modo (digamos agnóstico o mediopensionista) corría el riesgo de decepcionar a sus alumnos, que lo menos que esperan de su maestro es que sepa saciar sus inquietudes y curiosidades. Probablemente, un pedagogo de nuestra época alegaría que un maestro no tiene que responder esas preguntas, sino que debe procurar soslayarlas. Se trata, por supuesto, de un alegato falaz, pues como todo el mundo sabe es por completo imposible evitar hablar de estos problemas. Pero aceptemos que pueda haber un maestro, perito en habilidades escapistas, que se las ingenia para soslayar los asuntos que durante milenios han constituido la levadura de los espíritus y los han arrojado a las empresas más nobles del pensamiento y la acción humana. ¿Qué educación se podría transmitir cuando se soslayan estas cuestiones?

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