Animales de compañía

'El buen azar'

Viernes, 20 de marzo 2026, 08:56

Entre los dogmas inatacables que profesan nuestras élites culturales, tan viejunas y periclitadas (pero todavía en el machito, repartiendo bulas y anatemas), figura la convicción ... de que la literatura digna de tal nombre debe excluir la inquietud religiosa. Todo escritor que desee ser encumbrado en nuestro purulento cotarrito cultural debe hacer pública profesión de ateísmo; o, mejor todavía (obras son amores), probarlo a través de su obra, donde las inquietudes religiosas deben brillar por su ausencia, o en todo caso ser tratadas con condescendencia (y siempre aprovechando para retratar a los creyentes con rasgos caricaturescos o malignos). Nuestro cotarrito cultural considera que creer en Dios es un error nocivo; y, para combatir ese error, aplaude las novelitas en las que se prueba que Dios ya no es necesario, bien porque el hombre se ha endiosado hasta construir un mundo perfecto, bien porque se ha abajado tanto que sólo puede aliarse plácidamente con el mal, sin esperanza ni anhelo de Redención. Podríamos incluso afirmar sin exageración que la literatura de nuestra época considera a Dios un engaño malintencionado que contribuye a perpetuar los males de la Humanidad; de tal modo que no se limita a olvidarse de él, sino que necesita combatirlo con saña, necesita culparlo de todos los males que afligen al hombre. Es como si nuestros escritores no hubiesen logrado perdonar a Dios su inexistencia, que ellos mismos han proclamado.

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Escritor y premio Planeta en 1997

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