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ANIMALES DE COMPAÑÍA

El gordo ese

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Un amigo dedicado a la persecución de delitos telemáticos me ruega que denuncie en los tribunales algunas de las injurias y calumnias que contra mí ... se profieren en la interné, al parecer de una truculencia y bestialidad intimidantes; cosa que, por supuesto, no pienso hacer. A nadie le gusta ver su fama y su honra convertidas en orgiástica escupidera de miserables. pero, cada vez que alguien me escarnece salvajemente, recuerdo que soy un bienaventurado; y me consuelo pensando que todo ese vómito de vituperios tiene un sentido expiatorio, en penitencia por los muchos errores cometidos en el pasado, cuando por petulancia, ardor juvenil o imprudencia temeraria o simplemente por las incitaciones de intoxicadores sin escrúpulos que entonces se presentaban como mis benefactores escribí o manifesté extremosidades de las que ahora me avergüenzo y arrepiento. Confesaré que, mucho más aflictivo que ese vómito de vituperios, es el silencio taimado de los que en otro tiempo me daban palmaditas en la espalda; y que, viéndome suficientemente exprimido y ordeñado, me han arrojado a la cuneta. Convertirse en el payaso de las bofetadas también tiene sus enseñanzas provechosas aunque desconsoladoras sobre la naturaleza humana.

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