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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Holmesiana

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Decía Somerset Maugham que la vida del más anodino de los hombres, escrutada exhaustivamente, nos causaría pasmo. Y es que, en efecto, todos escondemos en ... el castillo de nuestra intimidad, guardadas celosamente bajo siete llaves, pasiones, aficiones y preferencias que preferimos apartar de la curiosidad ajena, a veces porque en efecto juzgamos que causarían desagrado o decepción entre nuestros allegados, a veces simplemente porque son aficiones cuyo disfrute pleno nos exige soledad. A mí, que soy un hombre con fama de sesudo, me ocurre sin embargo que me gustan mucho los subgéneros, tanto cinematográficos como literarios; y como mostrar esa afición a las claras podría decepcionar a mis allegados (o, por el contrario, encandilarlos, pero en cualquier caso trastornando la imagen falsa que de mí se ha hecho) he llegado a convertirla en lo que los anglosajones llaman un guilty pleasure, alimentado a hurtadillas. Entre los subgéneros literarios que disfruto como un enano, sobre todo en el relajo de la estación estival, se cuenta el pastiche holmesiano, cuya lectura me brinda placeres mayores que las propias novelas y relatos de Conan Doyle. Muchas veces me he preguntado la razón de esta predilección tan peregrina; y he llegado a la conclusión de que la lectura de los pastiches holmesianos actúa sobre algún aposento inexplorado de mi alma, devolviéndome a esos gozosos pasadizos de la infancia en los que la lectura era una pura aventura, un confortable placer en pijama y pantuflas.

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