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Animales de compañía

'Jantipa o Del morir'

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Nuestra época parece haber establecido como dogma inatacable que la literatura digna de tal nombre debe excluir las cuestiones de trasfondo religioso. Al escritor de nuestro tiempo ya no le basta con reconocer su agnosticismo: se ha vuelto mucho más militante y expeditivo, y proclama desafiante que Dios no existe; o que, si existió en otro tiempo, ha muerto, sin posibilidad de resurrección alguna. Y, puesto que Dios no existe, no tiene sentido que la literatura le dedique la más mínima atención, salvo si lo hace al estilo borgiano (es decir, tratando la teología como una variante de la literatura fantástica). Todo escritor que se precie y desee ser considerado en el cotarro cultural debe escribir obras en las que las inquietudes religiosas brillen por su ausencia, o en todo caso sean presentadas como una reliquia de tiempos oscurantistas que asoma obstinada o patéticamente en personajes caricaturescos o protervos. Cualquier otro tratamiento de estas cuestiones se considerará enfrentado a los ideales estéticos imperantes.

El escritor de nuestra época, si desea ser bendecido por los repartidores de bulas, deberá escribir obras en las que se plasme la falta de ... sentido de la vida, donde se celebre el caos, donde la exaltación festiva o biliosa de las pasiones más destructivas se convierta en asunto predominante. Así que, acostumbrado a una literatura monótonamente execradora de Dios, me ha impresionado mucho la lectura de Jantipa o Del morir (Temas de Hoy), la primera novela del joven filósofo Ernesto Castro, a quien una vez conocí en la Biblioteca Nacional, mientras ambos nos quemábamos las pestañas con mamotretos polvorientos, y del que nunca más he vuelto a saber. Jantipa o Del morir está protagonizada por cinco mujeres que conversan, en un barracón de Auschwitz, sobre las más graves cuestiones filosóficas. Castro rinde en su novela un rendido homenaje (evidente desde el título, pues Jantipa se llamaba la mujer de Sócrates) a los diálogos platónicos, muy especialmente al Critón y al Fedón, donde en torno a la muerte de Sócrates se reflexiona respectivamente sobre la justicia y las leyes y sobre la inmortalidad del alma. El papel que en los diálogos platónicos representa Sócrates lo representa en la novela de Castro Edith Stein, la filósofa alemana conversa al catolicismo y después monja carmelita profesa, con el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.

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