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Animales de compañía

La esperanza cristiana (y II)

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Qué quieren decir los padres de Mariquilla, esa niña atropellada a la puerta de su colegio, cuando afirman que «Nuestro Dios lo ha permitido para sacar bienes mayores»? Al periodista Arcadi Espada esta afirmación se le antoja la «justificación de un dios [sic] criminal» que exige sacrificios humanos. Pero esta es una afirmación absurda, pues precisamente ese Dios «se ofreció a sí mismo como un solo sacrificio por los pecados, válido para siempre» (Heb 10, 12). Dios no exige el sacrificio de una niña, ni la utiliza como instrumento «para llevar a cabo su propósito», como pretende Espada; y, sin embargo, Dios permite que esa niña muera, permite que haya mal en el mundo. ¿Por qué?

"En esto consiste la esperanza cristiana: en experimentar que la belleza resplandece más allá de sí misma"

El problema del mal constituye la dificultad más fuerte para nuestra inteligencia religiosa del cosmos. Con razón San Agustín, que tanto tiempo dedicó a desentrañar ... su naturaleza, «buscaba de dónde provenía el mal, y no encontraba explicación», según él mismo nos reconoce en sus Confesiones. Finalmente, formularía un enunciado que es exactamente el mismo que los padres de Mariquilla utilizan en su carta: «Si Dios no fuera tan poderoso y tan bueno que puede convertir el mal en bien, no lo hubiera dejado existir». Por ser bueno, Dios no puede haber creado el mal, que además no es una sustancia, sino una privación (por lo que no tiene causa eficiente, sino causa deficiente). El mal es una deficiencia en la acción de las criaturas (humanas o angélicas), que fueron creadas libres. Pero esa deficiencia, que no tiene su causa en Dios, causa sin embargo daños terribles que Dios tiene el poder de corregir, convirtiéndolos misteriosamente en una plenitud de bienes. ¿Cómo lo hace? Reparemos de nuevo en la carta de los padres de Mariquilla.

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