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Animales de compañía

Mentiras

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Me resultaron de un cinismo conmovedor todas las muestras de repudio e indignación que causaron las presuntas ‘mentiras’ del tenista Djokovic, en su intento por evitar que lo deportaran. En realidad, aquellas presuntas ‘mentiras’ no eran sino trapacerías improvisadas chapuceramente; pues cualquier persona que resuelve mentir a las autoridades se preocuparía de urdir astutamente coartadas que blinden su mentira. Nada de esto hizo Djokovic, a quien por otra parte las inicuas autoridades australianas deportaron por razones que nada tenían que ver con aquellas trapacerías de poca monta.

Pero vivimos en una época tan perversa que los veniales apaños de Djokovic causaron inmenso alboroto en los medios de cretinización de masas, que se ... dedican por oficio a mentir sin recato (o siquiera a propagar y amparar las mentiras que maquinan y profieren los amos del mundo), según la consigna de Maquiavelo, quien consideraba que el pueblo merecía ser engañado. Sobre esta sórdida legitimación maquiavélica de la mentira se ha levantado el edificio de la política moderna. Pero, absurdamente, en un mundo donde la mentira maquiavélica se ha institucionalizado, los veniales apaños de un tenista escandalizan a todo bobo sistémico que se precie.

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