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Animales de compañía

La abolición del pasado

Juan Manuel de Prada

Reza el tópico que los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla. Ojalá fuese así; pues aunque la historia española está llena de episodios turbios siguen siendo mayoría los ejemplares y aun gloriosos. Pero la abolición del pasado, antes que empujarnos a repetirlo, niega nuestro futuro; porque en todo intento de abolir el pasado subyace –amén de un intento de manipulación social– una bárbara y obscena reivindicación del caos y de la nada. De lo que se trata no es ya de tergiversar el pasado o de suplantar la verdad con maquinaciones fraudulentas, sino, pura y simplemente, de desmantelar el hermoso andamiaje sobre el que se ha sustentado nuestra cultura.

La piedra angular de esta abolición quizá sea el empeño por borrar cualquier vestigio de filiación cristiana a nuestra civilización

La infamia que estamos presenciando no afecta únicamente a la enseñanza de la Historia. Si nos asomamos a los planes educativos vigentes, descubriremos que el ... latín, la literatura, la filosofía y, en general, toda disciplina que contribuya a guarecernos frente al vacío de la barbarie han sido aniquilados con una minuciosidad y un ensañamiento que sólo pueden explicarse como el fruto de una confabulación premeditada. Parece que se aspira a privar a toda una generación (o varias generaciones ya) de las herramientas intelectuales que nos permiten acceder al conocimiento de lo que somos y a sustituir las fuentes de ese conocimiento por un caudal de informaciones banales y descontextualizadas que conviertan nuestra travesía por la vida en un peregrinaje ciego. Este concienzudo expolio de la cultura clásica está generando un vacío que, inevitablemente, cederá (ya está cediendo) hueco a la manipulación histórica, a los falseamientos ideológicos, a ese aturdido relativismo al que los hombres desamparados se aferran cuando les falta un vigoroso cimiento sobre el que poder edificar su curiosidad. La depauperación educativa no se contenta con desterrar las cronologías o el recuento prolijo de hechos pretéritos; también aspira a demoler el sustrato cultural sobre el que se asientan dichos hechos. Se trivializa el pasado para exorcizar su influjo benefactor; quienes han promovido esta mezquindad se aseguran así una sociedad lacaya, enfangada en los andurriales de la ignorancia.

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