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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Infierno

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Desde hace algún tiempo, a los teólogos (¡y hasta a los mitrados!) les ha dado la ventolera de decir que el infierno no es un ... lugar físico, sino un estado del alma . Afirmación que tal vez tenga sentido referida a ese estadio intermedio de la vida de ultratumba que se extiende desde la muerte hasta la resurrección de la carne; pero que, desde luego, referida a un estadio posterior, es una inconsecuencia y una majadería, pues si hay resurrección de la carne, tiene que haber lugares físicos donde los resucitados retocen de gozo o se retuerzan de dolor (otra cosa es que no se crea en la resurrección de la carne, pero para ese viaje teológico no hacen falta las alforjas de los lugares físicos y los estados del alma ). Por fortuna, la consideración del infierno como lugar físico sigue ejerciendo una poderosa subyugación sobre la imaginación humana, irreductible a las monsergas de los teólogos, gracias sobre todo a las aportaciones literarias que han tratado de imaginar o reconstruir un paraje que el Apocalipsis denomina, sucinta pero muy gráficamente, lago de fuego y azufre .

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