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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Palermo

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Tiendo a imaginar que las ciudades son mujeres. Así, por ejemplo, Lisboa tiene algo de anciana aristócrata que en la juventud fue la más requerida, ... la más coqueta y endomingada; y que, pese a los años, ajada y venida a menos, conserva su belleza patricia e irreductible, que la melancolía tiñe de secretas ensoñaciones. Sevilla tiene un aspecto un tanto matronal (tal vez se aburra en su matrimonio), pero apenas sale a la calle le brota una veta jacarandosa irreprimible; y basta alargar una mano hasta su cintura para descubrir que conserva el talle de la juventud, su mismo temblor a flor de piel, su misma fragancia cálida y primaveral. Viena, en cambio, es una cincuentona peripuesta y antipática, de vida social tan ajetreada como inane, que come bombones para matar el tedio y se empolva el cutis repelente para taparse las arrugas. Florencia es una doncella esbelta y rubiasca, lánguida y pudorosa; aunque finge tener muchos años, su juventud no se marchita nunca. Otras ciudades, en cambio, se las dan de adolescentes, pero muestran los estragos de la cirugía plástica, los retoques del bisturí, los rellenos de la silicona; y acostarse con ellas es como hacerlo con un espantapájaros.

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