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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Destrozando vida

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Leo que a la atleta Marta Domínguez la han exculpado del cargo de suministro de fármacos prohibidos, después de que fuera detenida, con gran despliegue ... policial y ventolera mediática, en una operación contra el dopaje deportivo. Queda por dilucidar si la atleta cometió algún tipo de infracción fiscal, aunque es probable que en unas pocas semanas este cargo también sea retirado; pero las imputaciones más graves, las que de la noche a la mañana la derribaron del podio de la adoración, arrojándola al barrizal del desprestigio, se han esfumado. Y uno, ante noticias así, se pregunta. ¿Y quién devuelve ahora el honor destruido a esta mujer? ¿Quién la resarce de las afrentosas imágenes que divulgaron las televisiones y los periódicos cuando fue a declarar ante el tribunal? ¿Quién la compensa por todos estos meses en los que se ha visto escarnecida y vilipendiada, arrastrada por el fango y expuesta a la reprobación social? No defendemos aquí que Marta Domínguez, por ser una mujer de relevancia pública, merezca un trato privilegiado; aunque, desde luego, precisamente porque su celebridad puede convertir cualquier atribución delictiva que se le haga en motivo de escándalo, hubiese sido aconsejable que la investigación se hubiese desarrollado con el más discreto celo. Pero ahora se demuestra que Marta Domínguez, más allá de su notoria celebridad, era inocente del delito que se le imputaba; inocente hasta donde la certeza humana puede alcanzar. ¿Se ha respetado su presunción de inocencia?

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