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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Un coloquio inmortal

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Así titulé, hace diez años ya, un artículo dedicado a mi abuelo, en las postrimerías de su vida, cuando las nieblas de la desmemoria se ... infiltraron en su lucidez, como un ladrón sigiloso. Aquel artículo lo rematé con una frase que era un desiderátum. Al menos me queda el consuelo de saber que, cuando su alma emigre, se posará sobre la mía, como un pájaro que busca su nido, para seguir ambas su coloquio inmortal, para seguir deletreando el mundo, para seguir caminando juntas su camino, eternamente unidas, eternamente jóvenes, eternamente invictas . Pocos meses después mi abuelo abandonaba su envoltura carnal, después de una trabajosa agonía; pero, en efecto, desde entonces su alma ha seguido en comunicación con la mía, de un modo cada vez más vívido y remunerador. Es una experiencia de la que no suelo hablar, por pudor o delicadeza, pues existen gozos que solo pueden disfrutarse calladamente; y también por temor a ser considerado fantasioso o sensiblero. la religiosidad siempre corre el riesgo de degradarse en superchería y emotivismo; y más en esta época tan descreída y pululante de supersticiones.

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