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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Orgullo friqui

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Vivimos una época de recuelo y escurrajas en la que, a la descomposición de los `grandes relatos´ (pretendidas visiones omnicomprensivas del mundo que la modernidad ... impuso como alternativas a la visión religiosa) propia de la posmodernidad, se suma el desconcierto ocasionado por el derrumbe económico de Occidente. Y una de las expresiones más grotescas -y a la vez características- de nuestra época es el auge de lo que se ha dado en llamar `friquismo´. Aunque `friqui´, o `friki´ (del inglés freak, `monstruo´, `extraño´), no es término todavía recogido en los diccionarios, su uso es cada vez más frecuente; con tal palabra se designa a la persona de conducta estrafalaria que construye, en torno a sus manías y obsesiones, un universo autónomo más bien sonrojante que no se contenta con resguardar en los retretes de su intimidad, sino que lo airea sin rebozo, causando asombro o hilaridad entre quienes lo rodean. Naturalmente, todos tenemos algo de `friquis´ en potencia; quiero decir que todos cultivamos aficiones que el común de la gente juzgaría pueriles o enervantes. Lo que distingue al `friqui´ verdadero del `friqui´ potencial es el desparpajo satisfecho con que el primero exhibe tales aficiones; desparpajo que acaba convirtiendo tales aficiones en expresión orgullosa de identidad, incluso en fortaleza autista frente a un mundo exterior que se considera ajeno u hostil.

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