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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Cáceres bajo la lluvia

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Tantas veces la lluvia nos ha malogrado la visita a una ciudad! Encerrados en la habitación de un hotel, con el repiqueteo del agua arañando ... los cristales de las ventanas, la ciudad que codiciábamos se torna de repente desabrida e inhóspita, como una fiesta a la que no hemos sido invitados. A veces, para espantar la melancolía, probamos a pasear sus calles, armados de un paraguas; pero es un paseo acucioso, despavorido, que se refugia en los portales de las iglesias y en los veladores de los cafés, de repente contaminados por esa temperatura yerta de los velatorios. Pasear con paraguas es pasear sin cielo; y la ciudad que codiciábamos se convierte irremisiblemente en un sótano sin ventilación, maldito de los hombres y de Dios. Todo esto pensaba, apesadumbrado, mientras contemplaba a través de los visillos la escritura cursiva de la lluvia, llenando de palabras mudas la ciudad de Cáceres; y pensé que esa misma pesadumbre habría derrotado también a mi mujer. Pero me equivocaba.

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