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Animales de compañía

Marcharse de Twitter

Juan Manuel de Prada

Confesaré que me han producido hilaridad las campanudas declaraciones, envueltas en una grotesca aureola de heroísmo falsorro, de diversos paladines y estantiguas del progresismo autóctono, anunciando su marcha de Twitter. El menda no podrá, en cambio, marcharse de Twitter, pues nunca instaló allí sus reales, en parte porque enseguida descubrió que esa red social era utilizada por la chusma para vomitar su odio (pero esto ya ocurría hace diez años, cuando todos estos paladines y estantiguas del progresismo autóctono chapoteaban felices y hacían olas en el vomitorio) y en parte porque no me gusta malgastar ni un ápice de mi tiempo en distracciones idiotas.

Quizá lo más molesto de esta ridícula huida de Twitter sea la aureola épica con que los fugitivos tratan de revestirla

A mi modo de ver, las redes sociales, bajo su atractiva apariencia de foro público, no son sino un instrumento ideado para favorecer esa nueva ... forma de tiranía democrática avizorada por Tocqueville, que consiste en moldear las almas y pastorearlas dulcemente mediante métodos de control social. Con las redes sociales, convertidas en el líquido amniótico donde las masas cretinizadas bogan felices, la nueva tiranía puede generar pensamiento uniforme haciéndonos creer que somos más libres que nunca (la máxima expresión de esta libertad uniformizada sería el retuiteo, que podríamos definir como el regüeldo de los loritos); y, a la vez, puede fiscalizar de manera instantánea todos nuestros pensamientos mediante algoritmos.

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