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ANIMALES DE COMPAÑÍA

Un poco de verdad

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Hace un par de meses impartí yo solito un curso de verano en la Universidad Menéndez Pelayo, de Santander; durante cinco días, siete horas al ... día, traté de comunicar a mis alumnos mi amor por el oficio literario. Fue una experiencia extrema, de vaciamiento interior muy profundo, que me dejó deslomado y a la vez dichoso; una experiencia que no habría sido posible sin la complicidad de mis alumnos, que a la vez que me exprimían se exprimían a sí mismos. Así, se alcanzó un clima de rara intensidad y fluencia recíproca del que tal vez yo fuese el máximo beneficiario; y del que he extraído provechosísimas enseñanzas, para la literatura y para la vida. Mientras avanzaba el curso, descubrí que muchos de mis alumnos no se habían matriculado porque yo lo impartiese, sino simplemente porque les gustaba la literatura; y descubrí también que algunos, incluso, se habían matriculado a pesar de que yo lo impartía. En una de las últimas clases, uno de estos alumnos así lo confesó, paladinamente. reconocía que tenía el peor concepto sobre mí, antes de comenzar aquel curso; y que ese concepto había cambiado radicalmente. Luego, en un descanso entre clases, otros alumnos me confesaron algo similar. Escucharlos fue a la vez reconfortante y desgarrador.

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