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Animales de compañía

Soñar que caía…

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Siempre se ha dicho que nada perjudica tanto la amenidad de una novela como el relato de un sueño. Sin embargo, Cervantes contradice en el Quijote esta enseñanza en al menos dos ocasiones: pues parece que la aventura de la Cueva de Montesinos constituye un sueño (aunque también podría interpretarse como fabulación quijotesca, o incluso como realidad cierta vivida por don Quijote); y desde luego es un sueño lo que relata muy sucintamente la compasiva hija de la ventera, en el capítulo XVI de la Primera Parte, mientras bizma al maltrecho caballero: «A mí me ha acontecido muchas veces soñar que caía de una torre abajo y que nunca acababa de llegar al suelo, y cuando despertaba del sueño, hallarme tan molida y quebrantada como si verdaderamente hubiera caído».

Se trata de una confidencia preciosa, muy vívida y exacta; tan vívida y exacta que, cuando la leemos, pensamos que Cervantes se está refiriendo a ... un sueño que él mismo ha tenido. De hecho, los llamados ‘sueños de levitación’ son los más comunes, en su doble variante: por un lado, los sueños en los que nos alzamos del suelo, desafiando la gravedad, en saltos prodigiosos e inverosímiles; por otro, los sueños en los que descendemos las escaleras en volandas, o nos precipitamos desde una gran altura (y aquí podemos llegar a despertar sobresaltados, o bien con sensación de estar molidos, como le ocurre a la hija de la ventera). Cuando he hablado con otras personas sobre sus sueños más recurrentes, casi todas ellas me han hablado de estos ‘sueños de levitación’. Y quienes no se han referido a estos sueños sospecho que ha sido por pudor (porque los sueños forman parte de nuestra vida más íntima), o por temor de resultar pueriles.

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