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REINOS DE HUMO

La bonitera

Carlos Maribona

Con la edad, la memoria se hace selectiva. Recordamos las cosas agradables y vamos olvidando aquellas que no lo fueron tanto. Esa memoria me ha ... llevado a los veranos de mi infancia en Asturias y a un personaje que entonces me fascinaba: la bonitera. Así llamábamos a una mujer que de cuando en cuando pasaba por el chalé de mi abuela en Villalegre, el barrio indiano de Avilés, tirando de un carrito cargado de bonitos. No recuerdo su nombre, pero sí su figura delgada, siempre de negro. Compraba los pescados enteros en la rula avilesina y luego los iba vendiendo de casa en casa. Cuando aparecía, los niños corríamos a la puerta para contemplar asombrados la habilidad con que cortaba el bonito en rodajas que luego pesaba en una antigua balanza romana. Rodajas que rápidamente desaparecían en la cocina de la casa para que mi abuela y mi tía, buenas cocineras, las prepararan de mil y una maneras. Sabrosos bonitos del Cantábrico que solíamos acompañar con otro producto estival, tomates de la huerta. Y de postre, leche presa -que en el Occidente de Asturias llaman 'requesón'-, hecha con leche fresca y mucha paciencia. Ya no hay boniteras. Supongo que las rígidas normas sanitarias impiden esta venta ambulante de pescado. Y que, además, ya no hay mujeres dispuestas a un trabajo tan sacrificado. Costumbres que se han perdido y que siguen vivas en nuestro recuerdo.

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