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REINOS DE HUMO

La sopa del verano

Carlos Maribona

En un verano tan caluroso como este, pocas cosas más apetecibles a la hora de comer que un buen gazpacho, la sopa fría que refresca ... y alimenta a la vez. En su origen procede de Andalucía, donde los campesinos necesitaban platos con el suficiente aporte energético para sus tareas en el campo, pero que a la vez ayudaran a mitigar las elevadas temperaturas. No es, como muchos creen, un simple refresco veraniego, sino un alimento muy completo, con todos los nutrientes necesarios para largas jornadas de trabajo. Gregorio Marañón escribió que se trata de una sapientísima combinación de todos los alimentos fundamentales para una buena nutrición. La Real Academia Española lo define como «sopa fría cuyos ingredientes básicos son tomate, pimiento, aceite, vinagre, ajo y sal, que es propia sobre todo de Andalucía». No menciona ni el pan ni el pepino, cuya utilización suscita grandes debates entre partidarios y contrarios de añadirlos. Como ocurre con la tortilla de patata, cada maestrillo tiene su librillo. Lo importante es que resulta muy agradable en un día de calor cuando está bien hecho, ni aguado ni avinagrado. Tampoco demasiado espeso, que para eso ya tenemos el salmorejo. Un plato de campesinos que triunfa en un tiempo en que la obsesión dietética prima por encima de todo. Porque como dice el refrán, «del gazpacho no hay empacho».

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