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PATENTE DE CORSO

La venganza de D'Artagnan

Arturo Pérez-Reverte

Me hizo pensar en ello una señora cuya conversación capté al paso. Me había levantado de una mesa en la Taberna del Capitán Alatriste, junto ... a la Cava Baja de Madrid, cuando oí decir: «Eso me recuerda a Dartacán y los siete mosqueperros». No supe a qué se refería en concreto, aunque era lo de menos. Seguí camino con una sonrisa, disfrutando de la frase. Luego me detuve en Puerta Cerrada, ante el kiosco de prensa que la tenacidad del dueño convirtió en pequeña librería callejera. Iba a comentar con él lo de los siete mosqueperros –es un tipo leído y con humor–, pero había ido a tomar un café, me informó el negro que mendiga cerca. Compré una revista, le pagué al negro –que vigila el kiosco cuando se ausenta el dueño– y seguí mi paseo hasta la Plaza Mayor. No se me iba Dartacán de la cabeza. Quizá dé para un artículo, pensé. Y aquí me tienen. Escribiéndolo.

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La venganza de D'Artagnan

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