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ANIMALES DE COMPAÑÍA

El maestro Alcántara

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Cuando supe que había muerto Manuel Alcántara me enfadé con Dios y recité aquellos versos irónicos del maestro, a la vez leves y sentenciosos: «No ... digo que sí o que no. / Digo que si Dios existe / no tiene perdón de Dios». No tiene perdón de Dios quedarse sin un escritor como Alcántara, siempre sereno en la ironía, traspasado de lucidez y alerta siempre contra el tópico y el pensamiento fofo. No tiene perdón de Dios quedarse sin el escritor superdotado para la elección del epíteto preciso, el escritor capaz de transfigurar la realidad mediante la levadura del humor y la poesía (unidos siempre en gozosa aleación), el escritor habitado de epigramas y furtivas metáforas. No tiene perdón de Dios quedarse sin un maestro de la pluma (o de la Olivetti, para ser más precisos) que sabía como nadie darle la vuelta a las mangas del tópico, para vestirse con un lenguaje transparente que convertía cada palabra en un candil inédito.

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