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PATENTE DE CORSO

El último reportero

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

Me entero, tarde y mal porque andaba de viajes y cosas así, de que con setenta y dos tacos de almanaque ha palmado Manuel Marlasca ... Cosme, o sea, Manolo Marlasca de toda la vida, a quien conocí hace cuatro décadas y pico. Yo era un jovencísimo niñato de veintidós años, con una mochila llena de libros al hombro y un billete de avión para Oriente Medio en el bolsillo, y al entrar por primera vez en la redacción del periódico cuyo director, Emilio Romero, acababa de contratarme, vi a un tipo bajito, flaco, de nariz larga y pelo negro muy espeso, de pie encima de una mesa, entre las máquinas de escribir, tirando por los aires los folios de una crónica a la que por razones de espacio acababan de cortarle cuarenta y cinco líneas, gritando: «¡Qué feliz estoy de trabajar en este puto diario Pueblo!». En torno a esa mesa, descojonados de risa y haciéndole palmas, solidarizándose guasones con él, estaban Raúl del Pozo, Yale, Amilibia, Juan Pla, José María García, Miguel Ors, Alfredo Marquerie, Vasco Cardoso, Carmen Rigalt, Julio Camarero, Rosa Villacastín, Manolo Cruz, Julia Navarro, Paco Cercadillo, Vicente Talón, Raúl Cancio, Chema Pérez Castro y otros cuya nómina interminable no cabe en la página. Dicho en corto: algunos de los mejores periodistas del mundo.

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