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PATENTE DE CORSO

Temporal en el puerto

Arturo Pérez-Reverte

He venido con él detrás, rascándome la popa, y a la altura de las Columbretes creí que me trincaba, pero bien. Eran las tres de ... la madrugada y las nubes, o más bien el cielo negro como la tinta, se desgarraron un momento iluminando las piedras por el través de babor, con las luces del faro grande –destellos cada 22 segundos– diciéndome mantente lejos, chaval, ni se te ocurra acercarte con este viento y a estas horas; y la milla de mar que mediaba entre ellas y el velero era un hervidero de olas de color negro y plata, precioso para verlo en una película y en fotos pero inquietante con picos de 37 nudos de viento en el anemómetro, trinqueta y dos rizos en la mayor, el mistral aullando en la jarcia y un frío de cojones.

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