Alfonso X, el rey que no quiso ser sabio
HISTORIA

Alfonso X, el rey que no quiso ser sabio

Fue un adelantado a su tiempo, un pionero de la globalización, un erudito en una época en la que muchos reyes apenas sabían leer. Pero sus fracasos estratégicos ocultaron su genio, que él tampoco valoró.

Martes, 23 de noviembre 2021, 09:43

Nada me gustaría tanto, ni el canto de los pájaros, ni el amor, ni la ambición, ni las armas… como un buen galeón que me alejara de este demonio de campiña infestada de alacranes, cuyos aguijones llevo clavados en mi corazón». El que así se lamenta, al final de sus días, fue un hombre que fracasó en todos sus grandes proyectos: ser el gran emperador paneuropeo, unificar los reinos de la Península Ibérica, conquistar el norte de África, ganarse el respeto de cristianos, musulmanes y judíos, escribir los poemas más bellos, dictar las leyes más justas y dominar la magia y la astronomía. Con todo, Alfonso X el Sabio fue quizá el monarca más visionario del siglo XIII, después de Federico II Hohenstaufen, el Anticristo germánico que tuvo sueños aún más audaces y delirantes. Pero envejeció amargado, con fama de sanguijuela por su avidez en la recaudación de impuestos para financiar sus obsesiones, abandonado por su mujer, enemistado con los nobles, traicionado por sus hermanos y roto por la muerte de su primogénito.

'Cantigas'. También fue un monarca devoto, que se inspiró en los milagros de la Virgen para componer sus Cantigas, recogidas en este códice escurialense.

Sin embargo, mientras la vida le sonrió, gozó como pocos. «En los buenos momentos, Alfonso se entregó a los placeres con pasión y disfrutó de ... cuanto un rey medieval podía disfrutar. Hizo la guerra contra el infiel, viajó por lugares maravillosos, conoció hombres sabios y mujeres bellas, escuchó músicas refinadas y poesías magistrales, cazó, jugó, bebió y se divirtió de mil maneras. O sea, un rey normal, lo suficientemente sabio para darse cuenta de sus equivocaciones y lo suficientemente humano para volver a equivocarse». Así lo describe Pepe Rey, investigador de la música medieval y renacentista, y una autoridad en las ‘Cantigas’ de Alfonso X.

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