Por José Segovia
Viernes, 13 de mayo 2022, 13:32
Los 82 fragmentos hallados en 1901 de este enigmático artilugio de bronce estaban dentro de una caja de madera, cuyas tapas exhibían inscripciones sobre planetas y nombres de meses. El físico griego Yanis Bitzakis afirma que es una computadora mecánica de más de dos mil años de antigüedad que predecía eclipses y los movimientos de la Luna, del Sol y de varios planetas, lo que es asombroso para la época. Sus restos presentaban el aspecto de un mecanismo complejo, similar al que hace funcionar los relojes de pulsera, lo que desconcertó a los arqueólogos.
Los investigadores tardaron más de un siglo en desentrañar para qué servía ese extraño objeto. El escritor y orador romano Marco Tulio Cicerón aseguraba que ... en la antigüedad hubo más modelos de este ordenador primigenio, lo que parece sugerir que los griegos pudieron desarrollar una tecnología mecánica compleja, capaz de predecir los movimientos de cuerpos celestes. El mecanismo de Anticitera tenía 27 ruedas de engranaje que también señalaban con exactitud la fecha de los Juegos Panhelénicos.
Lo curioso es que, aunque los Juegos de Olimpia eran los más prestigiosos, los Ístmicos, en Corinto, aparecen en este mecanismo con letras más grandes. No se sabe cuándo se interrumpió el desarrollo del mecanismo en la antigua Grecia. De hecho, tuvieron que pasar otros 1600 años para que los europeos pudieran ver unos objetos similares al de Anticitera (los primeros relojes astronómicos).
Arquímedes diseñó también el Alejandría, uno de los barcos más grandes de la época, capaz de cargar 600 personas; e inventó el tornillo que lleva su nombre, que sirvió para extraer el agua de la sentina de ese buque, y al que le encontró otras utilidades. Este gran inventor ideó, asimismo, catapultas y grúas para defender su ciudad natal del ataque de los romanos, estudió los usos de la palanca y utilizó los infinitesimales de forma similar al moderno cálculo integral.
Todos los fragmentos recuperados del mecanismo de Anticitera se exhiben en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
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Este mecanismo pudo pasar a manos del cónsul romano Marco Claudio Marcelo tras el sitio de Siracusa en el año 212 antes de Cristo. Poco después desapareció cuando se hundió el barco que lo transportaba.
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