El selecto club de los genios
360 años de la Royal Society

El selecto club de los genios

Newton, Darwin, Fleming, Volta, Hawking... Todos ellos han formado parte de esta institución científica, la más prestigiosa del mundo: en la actualidad, 74 de sus 1.400 miembros son premios Nobel. Sus logros: la penicilina, la fotografía, la primera transfusión de sangre o la descripción del ADN. Unos 250.000 manuscritos de genialidades.

Miércoles, 27 de abril 2022, 17:35

Los tímpanos de John Haldane (1892-1964) reventaron unas cuantas veces a lo largo de su vida. Nacido y educado en Oxford, hijo de científicos y descendiente de aristócratas, fue un bioquímico con un gusto por la experimentación que rozaba la chaladura y el desprecio a la propia vida. Sus investigaciones sobre gases las realizó usando sus pulmones como tubo de ensayo. Fabricó una cámara hiperbárica casera en la que se metía para estudiar los efectos de la descompresión. Una vez le dieron convulsiones tan violentas que se rompió varias vértebras, pero el buceo moderno sería imposible sin las tablas que diseñó. Siempre al límite, la perforación de tímpanos era un gaje del oficio. «La membrana se suele curar en pocos meses, y si aún queda un agujero, aunque te quedes algo sordo, cuando fumas puedes expeler el humo por la oreja en cuestión, una hazaña que causa sensación en las reuniones.» Conejillo de Indias vocacional, sus estudios sobre el mal de altura han salvado la vida de miles de alpinistas. Durante la Primera Guerra Mundial se paseó por las trincheras para catar los gases que utilizaban los alemanes. «Noté cómo el hígado me empezaba a burbujear. Era cloruro de amonio.» Casi no lo cuenta, pero así diseñó la primera máscara antigás.

John Haldane fue uno de los 8.200 miembros que ha tenido la Royal Society en sus 360 años de historia y simboliza como nadie ... el espíritu de la institución científica más prestigiosa del mundo: el afán por experimentar, la curiosidad sin límites y un punto de excentricidad muy británico. Todo empezó una brumosa tarde de noviembre de 1660 en el Gresham College de Londres, donde una docena de científicos se reunieron para escuchar la conferencia de un joven astrónomo. Eran seguidores de Sir Francis Bacon, un filósofo que proponía que el conocimiento sólo se alcanza mediante ensayos y errores. A la verdad se llega equivocándose en la dirección correcta. Les pareció buena idea fundar un club y reunirse semanalmente para discutir ideas y describir los experimentos en los que trabajaban. El monarca Carlos II les dio carta real. Su lema, una máxima latina: Nullius in verba (No hay que dar nada por sentado). Aquellos venerables descreídos, no obstante, desterraron el latín como lingua franca del saber. Desde entonces sería el inglés; sin florituras retóricas, llano y sencillo. Y lo más importante, establecieron la revisión por pares, la piedra angular de la ciencia moderna. Una suma de esfuerzos en la que cada avance es publicado, compartido y revisado por la comunidad científica.

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