Bajo el estruendo de los motores y la gloria del Arco del Triunfo, una columna de blindados avanza orgullosa por los Campos Elíseos ante una ... multitud que los aclama entre vítores y lágrimas. Es agosto de 1944 y acaban de liberar París de la Alemania nazi. Imperturbable al formidable bullicio, erguido y con sus firmes brazos de calderero apoyados sobre el Résistance, mira al frente Martín Bernal Lavilla, un recio aragonés de Garrapinillos (Zaragoza), al que acompañan dentro del semioruga otros compatriotas marcados por el destierro y la derrota. No son americanos ni británicos quienes abren ese camino victorioso, ni siquiera franceses, sino españoles, republicanos en el exilio que, tras perder su propia guerra, se negaron a rendirse al olvido.
Son soldados de La Nueve, la 9.ª Compañía encuadrada en la célebre Segunda División Blindada francesa, también conocida como División Leclerc (por su general al mando, Philippe Leclerc de Hautecloque), parte fundamental de las tropas aliadas que el 25 de agosto de 1944 reconquistaron a Hitler la capital francesa.
Nombres de la contienda española (Belchite, Ebro, Teruel, Guadalajara, Guernica…) y otros más castizos (pero afrancesados) como Don Quichotte aparecen pintados en los primeros vehículos aliados que circulan por las calles de París tras cuatro años bajo el yugo de la esvástica. En su interior saborean el momento sufridos combatientes andaluces, catalanes, aragoneses, manchegos, extremeños, valencianos… españoles que habían perdido la guerra contra Franco y, tras exiliarse en Francia, se integraron en las fuerzas galas anhelando rescatar a Europa de las garras del fascismo.
Aquellos soldados comprometidos con la libertad –la mayoría anarquistas, pero también socialistas, trotskistas o catalanistas– estaban escribiendo una página imborrable de una historia cada vez más conocida gracias a publicaciones (desde ensayos a novelas gráficas), documentales y exposiciones como la promovida por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática en los jardines del Palacio Real de Madrid (hasta junio en el Campo del Moro) bajo el título 1945. Libération. Tras las huellas de La Nueve, un homenaje a quienes lucharon por liberar a Francia de Hitler, pensando que así podrían también liberar a España de Franco.
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«Desde su creación en el verano de 1943 hasta su disolución en 1945, más de 350 hombres sirvieron en las filas de La Nueve. La mitad eran españoles, en su mayoría refugiados republicanos huidos a territorio francés. Tenían de compañeros de armas a voluntarios de otras doce nacionalidades, franceses, jóvenes norteafricanos, alemanes antinazis, antifascistas italianos, belgas, húngaros, portugueses, suizos, yugoslavos, armenios, chilenos y brasileños», explica Diego Gaspar Celaya, comisario de la citada exposición, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y autor de Banda de cosacos. Historia y memoria de La Nueve y sus hombres (Marcial Pons. Ediciones de Historia). El experto lleva años entregado a la causa de analizar y divulgar la historia de esta unidad de combatientes, que cuenta, a modo de homenaje, con su propio jardín en el Ayuntamiento de París (inaugurado por los Reyes en 2015), y un parquecito en el distrito de Ciudad Lineal en Madrid.
La mayoría de los españoles de La Nueve tomaron las armas en el 36, oponiéndose al golpe de Estado franquista y defendiendo la legalidad republicana hasta su huida a Francia, junto con el casi medio millón de represaliados que cruzaron los Pirineos a comienzos de 1939 o junto con quienes, meses más tarde, alcanzaron los territorios que París controlaba en el norte de África. El recelo francés ante semejante avalancha de extranjeros (les inquietaba que aquellas oleadas masivas de exiliados les generara caos, inseguridad y desorden) hizo que los hombres fueran encerrados en campos de internamiento, tanto en Francia como en África. «Para poder salir de allí, las autoridades galas les dieron varias opciones; entre ellas, firmar un alistamiento militar en la Legión Extranjera, alternativa explorada por buena parte de los hombres de La Nueve», cuenta Gaspar.
Tras la derrota francesa, la ocupación alemana de París y la creación del Régimen de Vichy (colaboracionista con Hitler), muchos de esos españoles se unieron a las Fuerzas Francesas Libres. Otros se alistaron en el Cuerpo Franco de África, un contingente modelado en noviembre de 1942 y concebido como una tropa de choque lista para combatir junto con los aliados. Esta unidad tuvo en su tercer batallón al grupo humano que meses más tarde formaría La Nueve.
Los días fueron pasando para nuestros compatriotas ubicados en diferentes unidades hasta que en julio de 1943 echa a andar oficialmente el Ejército de Liberación Francés, la unión de todas las fuerzas galas que combatían al Tercer Reich. En su organización se crea la Segunda División Blindada, la Leclerc, a la que pertenecen varios regimientos; uno de ellos es el Regimiento de Marcha del Chad, que, a su vez, incluye varios batallones. En el tercero se ubica la 9.ª Compañía, que contaba con una mayoría de españoles en sus filas, por lo que pronto sería conocida como La Nueve, en castellano y no en francés.
Bajo las órdenes de su capitán, el francés Raymond Dronne (que chapurreaba español), los 'cosacos' de La Nueve (así los llamaba Dronne por su espíritu aguerrido) se entrenaron durante diez meses en el norte de África, preparándose para desembarcar en Europa. En Casablanca recibieron los vehículos y el material norteamericano con el que fue armada la División Leclerc. Allí, La Nueve fue convertida en una unidad de infantería motorizada, y sus hombres apodaron sus half-tracks (vehículos semiorugas, muy manejables en el barro) con nombres que a punto estuvieron de desatar otra 'guerra' entre españoles.
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En el guirigay salieron propuestas como Pasionaria y Durruti, pero en aras de evitar nuevas discordias optaron por batallas y enclaves simbólicos de la Guerra Civil (Teruel, Brunete, Santander, Ebro, Belchite, Jarama, Madrid, Guadalajara, Guernica...), lemas en francés (Libération, Résistance, Nous Voilà…) y otros como Don Quichotte, «porque quijotes somos desde que salimos de nuestra tierra», como con espíritu caballeresco terció en mitad de la bulla el madrileño Federico Moreno, uno de los jefes de La Nueve.
Finalmente, tras pasar antes por suelo británico, los cosacos desembarcaron en las playas de Normandía como parte de la División Leclerc con la misión de atravesar las defensas nazis y avanzar hacia París. Recibieron su bautismo de sangre en Écouché, a unos 200 kilómetros de la capital. Durante cinco días soportaron sin tregua el intenso fuego de artillería y los contraataques alemanes. En la lucha cayeron el sargento Constant Pujol y los soldados Roberto González, José Reinaldo Sánchez y Luis del Águila. Allí siguen sus tumbas.
«Los españoles avanzaban en primera fila. Los oficiales franceses confiaban en ellos porque ya habían luchado en una guerra y tenían destreza, valor y experiencia. Pero estar en vanguardia les granjeó cantidad de bajas. De hecho, al final de la contienda pocos fueron los que no contaban con varias heridas de guerra acumuladas en el conflicto», recuerda Gaspar.
Tras la batalla de Écouché, las tropas de Leclerc aguardaron pacientes la autorización para proseguir su marcha hacia París, donde su población se había levantado en armas el 18 de agosto desafiando a Hitler. Al mediodía del 24 de agosto, Leclerc ordenó a Dronne «avanzar, avanzar y avanzar» sobre París tan rápido como fuera posible. «Vaya derecho a París, pase por donde quiera, diga a los parisinos que no se desmoralicen, que toda la Segunda División estará en París mañana por la mañana», le apremió el general galo. Y así lo hizo Dronne.
El capitán tomó consigo parte de La Nueve, con sus semiorugas, tres tanques del 501 Regimiento de Carros de Combate y una sección del batallón de ingenieros. En total, unos 170 hombres, 68 de ellos españoles. Para su sorpresa, la resistencia de la Wehrmacht fue escasa y a las 21:22 de la noche del 24 de agosto de 1944 alcanzaron la emblemática plaza del Ayuntamiento parisino. El primer blindado en llegar fue el Guadalajara. Una impresionante réplica de sus 8,4 toneladas propiedad del Ministerio de Defensa francés y traída expresamente desde París se puede ver en la exposición del Campo del Moro. Esos hombres del Guadalajara, españoles vencidos por el fascismo en su patria y victoriosos en Francia fueron los primeros en entrar en París.
Los civiles que salieron a festejarlo a la calle cantando la Marsellesa se encontraron con que sus liberadores hablaban francés… ¡con acento español! Vivas, aplausos, aclamaciones, flores, vino… y besos. Una joven francesa se acercó al semioruga de Francisco Izquierdo, confundiendo a su protagonista sin poder creer que esos héroes que recuperaban su ciudad vinieran del sur de los Pirineos. «¡Eres el primer soldado francés al que beso!», le soltó ella eufórica. «¡Perdone, señorita, somos españoles... rojos españoles!», le aclaró él.
Al día siguiente, los 14.000 hombres de la Leclerc irrumpieron en suelo parisino desplegándose por los barrios, tomando los principales puntos de resistencia alemanes y haciendo 12.000 prisioneros. Y el 26 de agosto sus tropas desfilaron bajo el Arco del Triunfo. La Nueve, ejemplo de valentía y sacrificio, tuvo el honor de escoltar al general De Gaulle. «A muchos militares franceses no les hizo ninguna gracia», como relata este episodio el jerezano Manuel Lozano, Pinto, en el libro La Nueve: los españoles que liberaron París, de la periodista y escritora Evelyn Mesquida.
Las cámaras de medio mundo capturaron las imágenes de esos vehículos americanos pintados con nombres de la guerra de España. A esa jornada corresponde la foto del indomable Martín Bernal con su mirada al frente y de pie en lo alto del Résistance, derrotado en su país, encumbrado en Francia y con la esperanza de que la libertad también llegaría a España. No fue así. Bernal, que era anarquista, instalador de calderas de profesión y novillero por vocación, nunca volvió a vivir en su país natal. Murió en 1991; está enterrado en Créteil.
Tras nueve años pegando tiros a ambos lados de los Pirineos, surgió la pregunta: ¿y ahora qué? Después de París, la novena compañía regresó al frente contribuyendo a liberar diferentes ciudades de una Francia aún ocupada. Ya muy diezmada (los españoles más veteranos fueron dejando paso a reemplazos franceses en unas filas que poco tenían que ver con la unidad formada en África en 1943), tomaron Estrasburgo y llegaron hasta Berchtesgaden, en plenos Alpes bávaros, donde Hitler tenía su particular refugio: el Nido del Águila. Allí los hombres de la Nueve conocieron el 8 de mayo de 1945 la rendición incondicional de Alemania y el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa.
De los 164 hombres que desembarcaron en Normandía a comienzos de agosto de 1944, apenas cuarenta y cinco integraban las filas de La Nueve en Berchtesgaden, treinta y nueve eran españoles. La guerra había secuestrado su acento español, convirtiéndola en una compañía de mayoría francesa. Atrás quedaron más de cuarenta muertos y cientos de heridos. Rafael Gómez Nieto, el último de La Nueve, murió a los 99 años de covid en marzo de 2020 en una residencia de ancianos de Estrasburgo, donde fue enterrado con honores. «Que su historia y la del resto de españoles y españolas que contribuyeron a la derrota del fascismo en Europa», apunta el profesor Diego Gaspar, «sacuda nuestras conciencias».
Sobre la firma
Redactor
Bilbao (1967). Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Pública del País Vasco. Trabaja en la Agencia Colpisa desde 2009.
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