Inglaterra
La patata, el último grito del arte
La ONG Trussell Trust, que apoya a más de 1200 bancos de alimentos en Reino Unido, organiza el premio Potato Photographer of the Year, otorgado por un jurado integrado por destacados creadores como Martin Parr. El francés William Ropp es el nuevo ganador con su polaroid Fish & Chips, prueba de todo lo que una patata puede dar de sí.
La imagen de arriba, titulada The Screaming Potato, es una recreación multimedia de El grito de Edvard Munch, realizada con una patata entera tallada y cáscaras del mismo tubérculo sumergidas en pintura. Obra de la creadora Erin Marie, es una de las imágenes premiadas en la segunda edición del Potato Photographer of the Year, un certamen fotográfico convocado por la ONG británica Trussell Trust, que coordina más de 1200 bancos de alimentos en todo el Reino Unido. El certamen es una más de sus muchas acciones para visibilizar un problema creciente en el país y financiar sus posibles soluciones: más de 14 millones de personas —4,5 millones de ellos, niños— viven en Inglaterra por debajo del umbral de pobreza.
Inspirándose en la célebre Potato #345 —la imagen del aclamado fotógrafo irlandés Kevin Abosch, vendida en 2015 por un millón de euros—, los organizadores ... del certamen ven en la representación artística de la patata un vehículo para comunicar mejor su trabajo y consagrar, de paso, a artistas emergentes, premiados por un jurado de destacadas personalidades del mundo de la imagen como Martin Parr, Paul Hill, Amy D’Agorne, Angela Nicholson, Nigel Atherton y Benedict Brain.
Después de la exitosa primera edición de 2020, los organizadores del Potato Photographer of the Year volvieron a convocar este año «a todos los creativos del mundo amantes de las patatas para que asalten sus jardines y supermercados locales, tomen sus cámaras y se unan a nosotros para elevar este humilde tubérculo a niveles aún mayores de relevancia artística».
El ganador del certamen es el francés William Ropp, que se ha impuesto con su obra Fish & Chips. «Surgió como un reto de un amigo que después de estudiar en la escuela de arte terminó como vendedor de patatas», confiesa Ropp.
«Hay algo extremadamente maravilloso y extraño en este trabajo —dice la fotógrafa Amy D’Agorne, miembro del jurado—. La fusión de vegetales y animales crea un extraño retrato de la comida cotidiana que consumimos. El hecho de que la imagen se haya tomado con una cámara polaroid con solo una linterna es una muestra de la gran destreza fotográfica del autor».
Otro miembro del jurado, Benedict Brain, ha valorado especialmente la combinación de «los matices oscuros de la imagen con el toque de humor que le da la composición surrealista: una combinación interesante, que tal vez habla de la época en la que vivimos».
Esos mismos contrastes que Brain señala de los tiempos en que vivimos son justamente los que los organizadores del certamen más quieren explotar. «Para abordar genuinamente las causas fundamentales de la pobreza —explican desde la Trussell Trust—, debemos hacer nuestra parte, y eso consiste en desmantelar la discriminación estructural que atraviesa nuestra sociedad y que encierra a la gente en la pobreza. La equidad, la diversidad y la inclusión son fundamentales para lograr un Reino Unido sin bancos de alimentos».
El certamen busca visibilizar un problema creciente en Inglaterra: más de 14 millones de personas —4,5 millones de ellos, niños— viven por debajo del umbral de pobreza y pasan hambre
La ONG tiene así dos planes. Uno a corto plazo, a través de los bancos de alimentos: contener la emergencia de personas sin medios para poder comer. El otro, a largo plazo, es acabar con los propios bancos de alimentos mediante políticas de formación y concienciación.
Carrera de relevos
Carol Trussell, hoy de 78 años, y su marido, Paddy Henderson, de 73, tienen experiencia demostrada en carreras de fondo y retos a largo plazo. Fundaron su ONG contra la pobreza en 1997, empeñados en mejorar las condiciones de vida de más de 60 niños que dormían en la estación central de trenes de Sofía, Bulgaria. Allí mismo desarrollaban otras acciones sociales con ancianos y mujeres con adicciones. Para la creación de la ONG invirtieron todo el dinero que Carol había recibido de su madre, Betty Trussell, como legado mediante fideicomiso: unas 70.000 libras.
La creación de bancos de alimentos no la iniciaron, sin embargo, hasta el año 2000. Por entonces, durante un viaje a Reino Unido en busca de fondos, Carol y Paddy recibieron una imprevista visita en su casa de Salisbury, en Wiltshire. «Una noche una madre que había leído en un periódico local nuestra labor en Bulgaria llamó a nuestra puerta. Me preguntó: '¿Por qué estáis alimentando a niños en el extranjero cuando mis tres hijos esta noche se van a dormir con hambre?'. Fue como un cuchillo en nuestros corazones —reconoce Paddy—. La visitamos y nos dimos cuenta de lo mal que estaban las cosas. Nos habíamos ido al extranjero porque pensábamos que la pobreza había sido totalmente erradicada en el Reino Unido, que el estado de bienestar funcionaba. Habíamos sido totalmente ingenuos».
Carol y Paddy descubrieron historias impactantes de necesidad en toda su comunidad y más allá. Investigaron datos sobre la pobreza y las privaciones en el Reino Unido y descubrieron que un número significativo de personas pasaban literalmente hambre. Así fundaron el primer banco de alimentos, el Salisbury Foodbank, almacenando lo recolectado en el cobertizo de su jardín y en su garaje, proporcionando desde ahí alimentos de emergencia para tres días a la población local que los necesitaba.
Veinte años después, la Trussell Trust coordina una potente red de 1200 bancos de alimentos en todo el Reino Unido, con el apoyo de 40.000 voluntarios. Carol y Paddy ya no están en primera línea —entregaron Trussell Trust a una nueva administración en 2007, cuando se mudaron a Nueva Zelanda para estar cerca de sus dos hijas— pero siguen al corriente del proyecto de sus vidas. «Aunque nosotros lo comenzamos —han dicho hace unos años—, los foodbanks no serían nada sin nuestro increíble equipo. Ellos son los que lo han hecho realidad y se han esforzado. Sin ellos, no habría nada».
Cada banco proporciona alimentos de emergencia a las personas en crisis y apoyo adicional para ayudar a abordar las causas profundas que arrastran a las personas a la pobreza, ayudándolas a desarrollar la resiliencia con el fin de que sea menos probable que en el futuro vuelvan a necesitar un banco de alimentos.
«Somos, ante todo, una organización benéfica contra la pobreza», insisten una y otra vez, desde la ONG, preocupados por no pasar por una red de bancos de alimentos. El reto, de hecho, es lograr extinguirlos. Los bancos de alimentos deben poder ser, ante todo, dinamizadores sociales y centros de formación para cambiar estructuras y reeducar a la ciudadanía en general. Ellos se enorgullecen no solo ni tanto del suministro de alimentos, sino ante todo de ayudar a las personas a conectarse con los servicios sociales y a que obtengan apoyo adicional.
«Una noche una mujer llamó a nuestra puerta: '¿Por qué estáis alimentando a niños en el extranjero cuando mis tres hijos esta noche se van a dormir con hambre?'. Pensábamos que la pobreza había sido erradicada en el Reino Unido»
«Hay personas a las que conocimos ayudándolas y que luego se han convertido ellas mismas en voluntarias y colaboradoras —cuentan—. Y han conseguido un trabajo e incluso han ido a la universidad. Pasan de ser personas a las que la vida había golpeado a ser otras fortalecidas».
«Por eso mismo—enfatizan— es tan importante nuestra inversión planificada en investigación, promoción, participación y campañas para cambiar las mentes y las políticas». El certamen Potato Photographer of the Year es una acción más en ese sentido.
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Fátima Uribarri