Tecnología
La IA es el verdadero 'Gran reemplazo'
La teoría conspirativa del 'gran reemplazo' sostiene que los blancos están siendo sustituidos de forma deliberada por inmigrantes. La verdadera suplantación, sin embargo, es la de humanos por máquinas impulsadas por IA. Cada vez menos profesiones se libran de la quema. Y, para colmo, todos estamos colaborando.
En un taller textil de Tirupur (India), una costurera lleva una cámara en la frente. Graba para una empresa de robótica de Silicon Valley. Por ... prestar sus manos y su mirada al aprendizaje de una máquina durante doce horas recibe 8 dólares al día. En otro continente, un piloto abre su portátil y describe su forma de preparar el despegue de un 737 en una pista con hielo. Cobra 50 dólares por hora. Cuanto más raro o solicitado sea el perfil profesional en cuestión, más dinero.
Piloto y costurera, en realidad, realizan tareas similares: transferir sus habilidades a un sistema de inteligencia artificial que aspira a sustituirlos. Detrás de la costurera —o su cámara— está Micro1, una empresa californiana que vende datos a fabricantes de robótica generados por 4000 empleados en 71 países, todos ellos con cámara adosada, que doblan ropa, lavan platos, manipulan telas, apilan cajas...
El piloto del avión 737 es parte de Project Stagecraft, un programa de OpenAI operado por Handshake AI, una start-up de San Francisco que cuenta con 3500 empleados de más de 400 profesiones 'raras'. Cada uno crea un avatar —enfermera de UCI, ingeniero agrónomo…— y redacta tareas como si se las explicara a uno de sus colegas: contexto en que trabaja, trucos… Así se entrena a ChatGPT en los 'intangibles' de cada oficio.
En los laboratorios de China y California ya hay humanoides que distinguen el tacto de la piel del de un plato
La diferencia entre lo que hacen ambos grupos de trabajadores es que uno, el del piloto de aviones o una enfermera, es conocimiento 'explícito'; y el otro, el de la costurera o el apilador de cajas, es 'tácito'. El del piloto puede ponerse por escrito: un checklist de despegue, una lista de prioridades de triaje hospitalario... El segundo vive en los dedos y la intuición de quien repite un gesto sin cesar.
Cada uno tenía su blindaje frente a la máquina. El explícito estaba protegido por la inteligencia necesaria para aplicarlo: saber qué hacer no es lo mismo que hacerlo bajo presión. Al tácito lo protegía su propia 'idiosincrasia': no hay manera de enseñárselo a la máquina. Ahora, la IA solo necesita ver cómo lo hacen.
Es la culminación de una corriente iniciada con Frederick Taylor, el ingeniero que a principios del XX inventó la organización 'científica' del trabajo descomponiendo cada movimiento para optimizarlo. Henry Ford industrializó el método con la cadena de montaje. Por lo menos, él pagaba bien. El sueldo era un modo de retener personal y reducir costes de formación. El pacto actual es otro. Prestas tu pericia, cobras mientras recolectan tus datos y, después, dejas de ser útil.
Quedan, sin embargo, oficios en los que el humano aún parece intocable. Son los de contacto físico íntimo: fisioterapeutas, cuidadores, peluqueros, dentistas... Y los que trabajan en entornos que pueden volverse hostiles: electricistas, bomberos…, oficios donde aún hace falta una mano que acierte el color de un cable pelado en un apagón. Ahora bien, ¿por cuánto tiempo? En los laboratorios de China y California ya hay humanoides que distinguen el tacto de la piel del de un plato.