Los rebeldes del clic
Los mayores y el abismo digital

Los rebeldes del clic

Las personas con más 65 años –diez millones de ciudadanos– sienten que se las ha abandonado, que se ha acelerado la transición digital sin contemplarlas. Su protesta abre el debate sobre la deshumanización de la tecnología, pero también sobre el poder creciente de los mayores, que ya representan el 20 por ciento de la población.

Por Carlos Manuel Sánchez y Daniel Méndez

Domingo, 20 de febrero 2022, 01:00

Una rebelión puede empezar con un pequeño gesto. Carlos San Juan, un jubilado de 78 años afincado en Valencia, vio cómo el cajero automático se tragaba su tarjeta. Que nadie se confunda: no armó la de Dios. Es un hombre sereno. Urólogo de prestigio y profesor universitario. Y que nadie lo compadezca tampoco. No es un abuelo analógico sobrepasado por la tecnología. Introdujo en España una máquina pionera en el tratamiento de las piedras en el riñón y se maneja estupendamente con el móvil y las redes. Carlos San Juan hizo lo que se espera de un ciudadano sensato. Presentó una reclamación. «Pero fue humillante. Me llamó una voz robótica que me decía que no se podía hacer nada. Apenas me dejó explicarme. Antes, cuando llegaba a la sucursal, los empleados me saludaban por mi nombre», recuerda. Promovió entonces una recogida de firmas que alcanzó las 600.000 y que ha tenido una extraordinaria resonancia. Tanta que su lema –«Soy mayor, no idiota»– se ha convertido en un clamor. «Decidí hacerlo porque muchas personas mayores necesitan ir a una oficina porque no se aclaran con los móviles y porque, para utilizar algunos cajeros, hay que hacer un máster. He visto a gente ir a actualizar su cartilla y terminar llorando de impotencia. Los bancos pretenden eliminar a los empleados y que todo el mundo se convierta en trabajador digital, sin cobrar y pagando comisiones».

Carlos San Juan encendió la mecha. Este jubilado de 78 años promovió una recogida de firmas en reclamo de atención humana en los bancos y logró 600.000 apoyos. La vicepresidenta Nadia Calviño y el gobernador del Banco de España lo han atendido. Las cifras hablan de 'deshumanización': en 2007 había 45.000 oficinas bancarias en España. Hoy, poco más de 15.000. Y solo un empleado por cada 268 clientes (en Alemania, uno por cada 143).

Pero Carlos San Juan piensa que, si hubiera sido solo un tirón de orejas a la banca, su protesta no tendría el recorrido que está ... teniendo. «Lo que encendió las conciencias –dice– no es solo la brecha digital, que existe y es una batalla que puede ganarse. Lo que ha hecho reaccionar a la sociedad es la falta de humanidad. Y esa guerra, si no hacemos nada ahora, la vamos a perder todos, no solo los mayores».

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