El drama de la migración en Grecia
El forense de los 'sin nombre'
Está entre Grecia y Turquía y es la tumba de miles de migrantes. Muchos cuerpos se quedan atrapados para siempre en el fondo del peligroso río Evros. Otros emergen deformados e irreconocibles. El forense griego Pavlos Pavlidis ha ideado un método para identificarlos, una tarea dramática.
Los pasos de Pavlos Pavlidis, envuelto en una bata blanca, resuenan en el enlosado. En la sala fría y minimalista, tres grandes neveras de metal gris muestran una temperatura de –10 grados centígrados.
Con un gesto seco y mecánico, este hombre de silueta estilizada atrae hacia él una mesa mortuoria. Un saco verde oscuro envuelve al difunto. Todo ... lo que se sabe de él está escrito sobre una hoja blanca pegada con celo: que es un hombre y la fecha en la que se encontró. El depósito está aislado en el sótano del Hospital Universitario de Alejandrópolis, al norte de Grecia. Dieciocho cuerpos de migrantes se encuentran allí en este momento. Hombres y mujeres muertos tratando de pasar ilegalmente desde Turquía. «Pedí un contenedor suplementario por falta de espacio», dice.
Para explicar la tragedia que se vive en Evros –una región fronteriza de Grecia–, Pavlos Pavlidis, de 45 años, es parco en palabras y deja que hablen las imágenes. En la pantalla de su ordenador desfilan las fotografías de hombres y mujeres. Cuerpos en descomposición, hinchados, triturados, irreconocibles... «Antes de proceder a la autopsia, a veces ocurre que no podemos ni distinguir el sexo de la persona», dice el doctor Pavlidis.
Encontrados por pescadores o por la Policía, muchos migrantes se ahogaron en el río Evros, que forma, a lo largo de una centena de kilómetros, una frontera natural entre Grecia y Turquía. Desde los años noventa, el Evros es un punto de paso para los extranjeros en dirección a Europa. La travesía se hace en unos pocos segundos, pero es muy peligrosa y, en numerosos casos, mortal. «La corriente es muy fuerte y el río, muy profundo», explica el forense.
Rutas de los contrabandistas
Desde que la Unión Europea y Turquía, en 2016, acordaron bloquear el mar Egeo ante la llegada de un millón de personas a las islas griegas, el flujo migratorio se ha desplazado hacia el río Evros. Los cruces se hacen por las mismas rutas de los contrabandistas entre Asia y Europa, en un laberinto de pantanos, dunas y cañaverales por los que no es fácil orientarse. ¿Cuántos llegan a cruzar? No se sabe, pero los aduaneros de la Unión Europea interceptan un mínimo de 5500 de media anual, que no para de crecer y que, según las fuentes, rozan los 10.000.
«A diferencia del agua del mar, la de los ríos no conserva los cuerpos», explica el doctor Pavlidis
El camino es traicionero y las morgues locales están abarrotadas de cadáveres. El peligro no solo está en el río. Se han descubierto cuerpos de quienes habían sido atacados por perros salvajes o atropellados en las vías del tren.
A todos estos se suman los 27 migrantes calcinados en los incendios forestales del verano de 2023 en la propia región de Evros, cerca de la localidad de Avas. Fueron los más devastadores incendios jamás registrados en la Unión Europea: arrasaron durante más de quince días y destruyeron 96.600 hectáreas de bosquel. Se presume que las víctimas habían cruzado el río Evros, en la frontera entre Grecia y Turquía, en busca de asilo en la UE. Se refugiaban en senderos de montaña y bosques para evitar ser detenidas y deportadas y por ello muchos políticos y ciudadanos griegos las acusaron de generar ellas mismas los incendios. Esta acusación sin pruebas corrió como la pólvora y fue incluso viralizada entre los escolares.
Sin ir muy lejos, el 31 de agosto de 2023, el primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, sin aportar pruebas, dejó caer en el Parlamento: «Es casi seguro que el origen de los incendios está en la mano del hombre. Y también es casi seguro que este incendio se inició en rutas que suelen utilizar los inmigrantes ilegales». El líder del partido nacionalista Solución Griega habló, además, de «pirómanos extranjeros», mientras que uno de sus diputados publicó un video en el que anuciaba: «Estamos en guerra: los inmigrantes ilegales han entrado de forma coordinada y han provocado más de 10 incendios».
Giorgos Hatzigeorgiou, presidente de la comunidad de Avas, negó rotundamente estas afirmaciones. «La teoría del incendio intencionado es completamente absurda... Si tú y yo lo intentáramos, no seríamos capaces de provocar un incendio, y mucho menos de salvarnos de él». Creyó saber a la vez por qué se culpó a los migrantes. «La población ya estaba agitada –dijo–. Decenas de migrantes pasan de contrabando por Avas y otras zonas cada día».
A su vez, la crisis climática y la migración suelen ser temas recurrentes en las campañas de desinformación debido a las emociones intensas que provocan en la sociedad, afirmó Paula Gori, secretaria general del Observatorio Europeo de Medios Digitales. «Sabemos que la desinformación se propaga más rápido que la información».
Asfixia e hipotermia
Pavlos Pavlidis encadena los cigarrillos. Tiene la sangre fría propia de su profesión y sus más de 20 años de oficio. Sin embargo, las primeras autopsias que realizó le impidieron dormir durante varias noches. En total, se han contabilizado más 2000 cuerpos en 24 años, pero pueden ser muchos más. «Contrariamente al agua del mar, la de río no preserva los cuerpos –explica Plavidis–. Se quedan retenidos en el fondo de un agua opaca, llena de cieno y de ramas. Algunos cuerpos no salen nunca a la superficie. Los de los niños no dejan ningún rastro. Los devoran los peces».
En sus casi 25 años de carrera profesional, Pavlos Pavlidis se ha convertido en un testigo excepcional del drama migratorio. Examina los cadáveres que el río ha querido devolver, pero también los casos de hipotermia: en concreto, 373. Del lado turco, las cifras no se dan a conocer. Desde el año 2000, cuando tomó la dirección del laboratorio de medicina legal, Pavlos Pavlidis ha creado un procedimiento de identificación único. A cada cadáver le realiza una autopsia y le toma muestras de ADN que comunica a las autoridades y a la Cruz Roja. Todos los difuntos poseen así un número propio. Fotos, datos y objetos personales se inventarían y se guardan meticulosamente.
«Empecé con este protocolo porque los familiares buscan a sus desaparecidos después de algunos meses –cuenta–. La gente necesita respuestas, si puedo decirles si sus amigos o sus hijos están en una de mis neveras… es importante para mí. Es así como veo el sentido de mi trabajo», insiste, llenando su historia de fotografías y de cartografías de la región. Hasta hoy, ha identificado a cientos de personas, la mayoría originarias, sobre todo, de Pakistán, Siria, Irak, Afganistán, Somalia…
Una labor minuciosa
Para hacer 'hablar' a los muertos, el doctor Pavlidis se apoya sobre todo en los objetos personales. De la taquilla que está cerca de su despacho extrae lo que parece una gran caja de zapatos. En el interior ha conservado todo lo que ha encontrado: portátiles, fotografías, joyas, paquetes de cigarrillos, cartas, amuletos africanos… Con cada objeto que coge se acuerda del cuerpo, del año y de la causa de la muerte.
En su ordenador guarda la foto de un ahogado. Su piel se había puesto verde, le faltaba una parte de la cara, devorada por los peces y los gusanos que habitan el Evros. En uno de sus dedos llevaba un anillo negro. Hace un tiempo, estos detalles permitieron identificar a un afgano de 24 años. «Su hermano mayor fue primero a la Policía, que lo redirigió a mí. Habían intentado cruzar juntos hace más de un mes. El más joven se ahogó y no sobrevivió», explica el médico, renuente a mostrar la brutalidad de las fotos a los allegados. Tras obtener y comparar el ADN de los hermanos, el cadáver fue devuelto a su familia. «Cuando eso ocurre, me digo que no hago todo esto en vano».
En la morgue, los cuerpos permanecen hasta tres meses. Si nadie los reclama, son enterrados a unos 70 kilómetros de allí, en la parte alta del pueblo de Sidiro, bajo unos montículos de tierra. «Lo que me interesa no son los que consiguen pasar la frontera, sino aquellos otros que no lo logran». El forense Pavlos Pavlidis dice que teme los meses de verano. Es entonces cuando el agua del río Evros baja de nuevo y los cadáveres emergen a la superficie.
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