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Patente de corso

Un balcón en Roma

Arturo Pérez-Reverte

Hace mucho tiempo, en Roma, parado en una esquina de la vía del Babuino, imaginé a un sacerdote asomado a un balcón en uno de aquellos edificios, mirando hacia la Piazza de España. Aquel sacerdote se llamaba Lorenzo Quart, era un agente de los servicios secretos del Vaticano especializado en asuntos sucios, y había recibido la orden de viajar a Sevilla para esclarecer el misterio de una pequeña iglesia que, a punto de ser demolida por la ambición y la maldad, mataba para defenderse.

Hoy, veintinueve años después, he visto a ese sacerdote, interpretado por el actor Richard Armitage, asomado al mismo balcón romano. La película se llama The ... man from Rome –en España conserva el título original La piel del tambor– y trata, como la novela, sobre un enigma más o menos policíaco, una hermosa dama, un hacker misterioso y unas cuantas cosas más, relacionadas con la nostalgia y la ausencia: la búsqueda de cierta fiel infantería, la soledad de un templario fiel a su regla, la urgencia de encontrar baluartes de dignidad que nos salven de la orfandad intelectual, del cielo sin dioses y del frío que siempre hace afuera.

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