Reinos de humo
Aürt, más vale tarde
Uno de los hábitos que más me disgustan en los textos periodísticos que leo es encontrarme a los descubridores de América que vienen a cantar alabanzas sin medida de aquellos lugares que acaban de conocer ellos por más que lleven decenios en el mundo. Así que, a veces, debido a este problema congénito, termino no hablando de aquellos restaurantes que he conocido demasiado tarde por mi culpa.
Es de esos lugares donde el paladar, el pensamiento y el estómago disfrutan juntos como niños entre la austeridad y el lujo
Hoy sí me concedo la bula para darles unas pinceladas rápidas sobre el restaurante Aürt y su comandante Artur Martínez. Abrió su casa nueva, un rinconcito en el hotel Hilton Diagonal de Barcelona, en 2019, pero entre pitos y flautas no había podido visitarla antes. No llegué ya a conocer su anterior morada y bien que me pesa. Me refiero al viejo bar de sus abuelos en un barrio de Terrasa que los nietos convirtieron en 2002 en Capritx, uno de esos lugares de culto con más talento que medios y que acabó enamorando hasta a la Michelin.
Sí les digo que Aürt es una de esas joyitas que aparecen cada cierto trecho en el bosque de los iguales. Pertenece al reino de los matices y cualquiera de los identificadores al uso que le encajan le encajan regular: cocina esencial, fresca, de temporada, que huye del barroquismo en sus elaboraciones y en el número de ingredientes, de inspiración catalana, pero con técnicas y mirada oriental, a veces. Él la autodefine como «sencillez reflexionada», y en este caso, lo que no ocurre con muchos cocineros, lo que Artur cree se parece bastante a lo que el comensal siente. En términos de disfrute, baste decir que es de esos lugares donde el paladar, el pensamiento y el estómago disfrutan juntos como niños entre la austeridad y el lujo. Que no se les haga tarde como a mí.