Reinos de humo
La invasión
Empiezo a padecer una suerte de delirio persecutorio. Vaya al restaurante que vaya, aparece una tarta de queso en la carta. Da igual el tipo de local y hasta su rango de precios. En cuanto cruzas la avenida de las carnes y enfilas la vereda de los postres allí está, impertérrita. Y así como otros platos vienen descritos someramente, la dichosa tarta de queso aparece relatada con más detalles que algunas descripciones de Balzac. Que si su cremosidad y lo aéreo de su textura, que si el tipo de queso y su finísimo sabor. Por si fuera poco, el camarero de turno seguro la cantará entre las especialidades y afirmará que está entre las mejores de la ciudad, del país o del planeta. Se celebran tantos concursos y se hacen tantas listas que seguro encabeza alguno de los rankings.
La dichosa tarta de queso aparece relatada con más detalles que algunas descripciones de Balzac
Como si decir 'tarta de queso' supiera a poco o sonara a cateto, nos tenemos que comer también lo de cheesecake… everywhere, aunque el no ... va más son los locales monográficos, como el Cheesecake Avenue de Madrid, donde solo se sirve lo que se imaginan. ¿Cómo lo ven?
Lo que llevo peor de todo es que la del restaurante La Viña de San Sebastián, convertida en la burnt basque cheesecake, se reproduzca por el mundo como si fuera un producto tradicional, usurpando el lugar que merecen otros mucho más, como la pantxineta donostiarra o el pastel vasco o gateau basque, por citar solo dos ejemplos.
Si el periodista de The New York Times Kim Severson consideró la de La Viña como «el mejor sabor de 2021» y el mundo entero se ha vuelto adicto a las tartas de queso, poco voy a poder hacer yo, salvo no pedirlas de postre ni de merienda y quejarme un poco por la invasión.