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Reinos de humo

Birra y mendrugo

Benjamín Lana

El activismo y la militancia siempre fueron cosa de valientes que no dudaban en poner en riesgo sus propias vidas o las de los demás —esto sí que estaba feo— en pos de un ideal. Ahora, en estos tiempos modernos y descafeinados, sin embargo, se puede ser 'activista empresarial' practicando la compra de determinados productos con el propósito firme de cambiar el mundo. Nada de dejarse la piel bajo las porras de los polis. Te tomas unas cervecitas y estás contribuyendo a la sostenibilidad del planeta.

Ya saben que no hay títere que el marketing deje con cabeza. Este cuento viene al ídem por una cerveza que elaboran en Aranda de Duero bajo el nombre de Sr. Mendrugo, una pilsner con ingredientes cien por cien naturales. Su mayor singularidad —según dicen sus padres, los maestros de la cervecera Mica— no reside en su especial sabor, sino en que el cincuenta por ciento de la malta necesaria para su elaboración se sustituye por pan duro sobrante que recogen en diferentes establecimientos.

Picas un par de lonchitas de ibérico, te bebes dos birras de estas y, en realidad, te estás merendando un bocadillo de jamón

Quién nos va a negar ahora que tomarse un par de tercios alimenta. Picas un par de lonchitas de ibérico, te bebes dos birras de estas y, en realidad, te estás merendando un bocadillo de jamón.

Aún no he tenido ocasión de echarme una Sr. Mendrugo al coleto, pero lo haré en cuanto pueda para agradecerles este gesto suyo de reparación histórica a la palabra 'mendrugo', con lo que ha tenido que sufrir entre su primera acepción lazarillesca y la segunda, que equivale a tonto y zoquete. La Sr. Mendrugo me la tomaré solita para degustarla bien, no con comida, porque la cerveza a mí me llena muchísimo y me quita el hambre. Si no fuera por el lúpulo, no dejaría de ser pan líquido: agua, levadura y cereal.

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