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Pequeñas infamias

Defectos y defectos

Carmen Posadas

Carmen Posadas

La semana pasada les hablaba de la cara B de las virtudes, y esta me gustaría hacer algo similar con los vicios. O con los defectos, que suena más light, aunque a veces vengan a ser lo mismo. Como les he comentado en alguna ocasión, yo debo todo lo que soy no a mis virtudes, sino a mis defectos. El rasgo más característico de mi personalidad, por ejemplo, es la pereza. La mía es una haraganería enorme, descomunal, cósmica. Todo me postra, incluso lo que a otras personas les encanta, como hacer deporte o salir por ahí. Lo único que realmente me gusta es la postura decúbito supino e il dolce far niente; un horror.

Esto es así, pero, como detesto este vicio mío y lo encuentro deplorable, cada mañana me pongo una pistola en la sien y me obligo ... a superarlo. Tanto me afano que soy una persona que al parecer hace mil cosas (y, de hecho, las hago, porque soy muy constante y disciplinada), por lo que solo mis más allegados saben que, en realidad, soy una perfecta marmota. Otro defecto que me ha sido muy útil en la vida es la inseguridad. Todo se me hace un mundo, me supera, me angustia. Pero, precisamente por eso, como tantos otros tímidos y timoratos, me paso la vida planteándome retos (y cumpliéndolos), así que, al final, nadie se da cuenta de lo gallina que soy.

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