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PEQUEÑAS INFAMIAS

El nuevo y tonto buen salvaje

Carmen Posadas

Carmen Posadas

No sé si les he comentado alguna vez que yo tengo una bête noir. Lo digo deliberadamente en francés porque mi bestia negra escribió su ... magna obra en ese idioma, una de las más influyentes (y más nefastas, a mi modo de ver) de los últimos doscientos y pico años. Mi bestia negra es el gran paladín de la teoría del buen salvaje. Según su enunciado, el ser humano es bueno, mirífico, y son las instituciones (o la civilización) quienes lo pervierten. De nada sirve argumentar que él no predicó precisamente con el ejemplo. De hecho, este faro de la humanidad hablo, por cierto, de Jean-Jacques Rousseau abandonó en un asilo nada menos que a sus cinco hijos. Pero, por lo visto, esto da igual y lo que importa es su filosofía, según la cual es deseable volver a lo natural, a lo primario, a lo salvaje, puesto que ahí es donde reside la bondad, también la felicidad. Y, a cada rato, a lo largo de la Historia asoma la patita esta tonta teoría. A veces lo hace para disculpar conductas egoístas cuando no delictivas, porque claro, si la culpa de todo la tienen las instituciones, nadie es responsable de sus actos y menos aún de sus maldades.

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