Miércoles, 30 de Abril 2025, 14:44h
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No sé si estos son malos tiempos para la lírica, pero desde luego no parecen demasiado prósperos para el amor romántico. Qué bobada, dirán ustedes; si uno mira alrededor, el mundo parece chorreante de corazoncitos, de besos, de infinitos «te quiero», «te adoro» y de aún más infinitos «te amo», epíteto que de un tiempo a esta parte suele dedicarse no solo a la pareja, sino a diestro y siniestro: a un compañero de farras, a un compi del trabajo, al bebé del vecino, al vecino mismo y, por supuesto, a toda clase de mascotas, propias y ajenas.
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