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PEQUEÑAS INFAMIAS

Mal de muchos, consuelo de todos

Carmen Posadas

Carmen Posadas

A pesar de lo que me gustan los refranes, hay algunos que no solo me parecen sobrevalorados, sino mentirosos o incluso perniciosos. En otra de ... estas Pequeñas infamias nuestras, recuerdo haberles hablado no hace mucho de ese que sostiene que debe decirse el pecado, pero nunca el pecador, lo que solo sirve para propalar insidias. Mira qué bonito. Se cuenta el pecado el chisme, el rumor, la trola, pero se protege religiosamente al chismoso, al calumniador. Tampoco me gusta ese otro que apunta que, cuando el río suena, agua lleva. Cualquiera que haya sido víctima de un juicio basado solo en apariencias sabe muy bien que la verdad no siempre coincide con ellas. Hoy me gustaría añadir a la lista un tercer refrán: "Mal de muchos solo consuela a los tontos". Está claro que yo debo de serlo, y de remate, porque sí que me consuela saber que no estoy sola ante una desgracia, que lo que me pasa también le ocurre a otros y que, por tanto, pueden comprender lo que siento. No sé dónde leí, hace ya tiempo, que en realidad el refrán original era precisamente el que figura como título de estas líneas, pero que alguien, queriendo lucirse con un ingenioso juego de palabras, trocó todos por tontos. A partir de ahí, igual que en el famoso cuento de Andersen El traje nuevo del emperador, la gente, con tal de que no la tomaran por boba, dio por bueno el trueque de palabras y todos nos quedamos un poco más solos ante la desgracia.

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