El bloc del cartero
Respeto
Cuando se oye lo que se oye en sede parlamentaria, quizá no debería sorprendernos que la desconsideración, en todos los ámbitos de la vida, se abra paso como una epidemia para la que parece no existir vacuna. Hay, sin embargo, una quiebra en el respeto debido que resulta alarmante, porque afecta a una esfera en la que se supone que la actitud respetuosa es lo natural. Se refiere a las relaciones entre padres e hijos, de las que nos habla una lectora que acepta como madre que su hijo reclame una independencia que debe darle, pero tiene, como tantos otros progenitores, la sensación de que no se la corresponde con un respeto equivalente. Honrar a los padres era antes un mandato; ahora parece una dádiva. No hay peor error que interpretar el amor incondicional como licencia para desmerecerlo.
Las cartas de los lectores
Siempre a tu lado
Querido hijo: naciste en el seno de una familia acomodada. Fuiste un hijo muy deseado y pensado con la madurez y la estabilidad que una ... decisión así requiere. Llegaste y lo inundaste todo de alegría, ilusión y fantasía. Te criaste con todo el amor que una madre deseosa de serlo es capaz de dar. Pasé los tres primeros años de tu infancia dedicada en cuerpo y alma a ti, pidiéndome una excedencia en el trabajo. Nada había más importante ni prioritario que tú. Y así fueron transcurriendo los dulces años de tu más tierna niñez hasta llegar a la tan temida, no sin razón, adolescencia. Ya no eres el mismo, has cambiado, y yo no llego a aceptar ese cambio. Me cuesta descubrir que eres un ser independiente que reclama su espacio. Se han acabado las risas y la alegría para dar paso a las discusiones, desavenencias, conflictos, lloros, preocupaciones. Y confieso que me siento triste e impotente ante tanto cambio, incertidumbre y desasosiego. Admito que ando perdida intentando lidiar con esta etapa tan inquietante. A pesar de todos estos pesares, me gustaría decirte que te sigo queriendo, aunque te riña, castigue o me enfade, y que siempre estaré a tu lado, decidas lo que decidas en tu futuro. Esté o no de acuerdo, te apoyaré en tu formación y proyectos. También tengo una petición, a ti y a todos los adolescentes. Los padres somos incondicionales en el amor y apoyo, pero también necesitamos que demostréis el vuestro con el respeto y la obediencia que merecemos.
Beatriz. Correo electrónico
Supermercados, espacios de terror
Hoy toca súper. Ya hice la lista. Lo imprescindible. Cojo el coche. Aparco. Llevo unas bolsas, para ahorrar. Entro. Miro los lineales a izquierda y derecha. Estoy asustada, aterrorizada. No quiero ver los precios. Consulto la lista con los precios de la semana pasada. Hago mis cálculos. El presupuesto no me llega. Tengo que eliminar algunas cosas de la lista. ¿Cuáles? Todas son básicas. No hay caprichos. Decido eliminar cantidades. Compraré por unidades, por lonchas, por gramos. Me escondo tras un lineal y me pongo a llorar. No me llega el dinero y mis hijos tienen que comer. Me limpio las lágrimas e intento disimular. No hace mucho, con el mismo dinero llenaba el carro; ahora, un tercio. Llego a casa. Mis hijos preguntan por algunas cosas que les compraba antes. Miran en las bolsas, y nada. Miro sus caras y les digo que estaban agotadas. ¿Hasta cuándo podré engañarlos? Ya no puedo más. Los ingresos son los mismos, y los precios siguen escalando. Mi marido y yo nos hemos privado de todo. Lo poco que ingresamos lo empleamos en cubrir las necesidades básicas, muy básicas. Y ni así. ¿Hasta cuándo? Aquí no hay quien viva. (A Pilar, la madre de mis hijos).
José M. Vigo Mariño. Catoira (Pontevedra)
Siempre es 25 de noviembre
La camarera me sirvió un cortado. Después, en el bus, la conductora me recordó que debía ponerme la mascarilla. La proporción entre mujeres y hombres en el vehículo era de seis a uno a favor de ellas. Bajé y fui hacia la oficina. Allí me recibió la vigilante de seguridad. Saludé a mis compañeras y pedí permiso a mi jefa: tenía que salir a hacerme un análisis. La analista era joven y experta: ni siquiera noté la aguja. De vuelta al despacho me crucé con dos barrenderas, las trabajadoras del supermercado, una periodista acompañada de una operadora de cámara, tres abogadas y dos economistas que tienen un despacho en un edificio cercano. Leí durante un rato algunos titulares sobre la actividad de algunas ministras, la concesión de unos premios a tres científicas, las declaraciones de una rectora de Universidad, el otorgamiento del máximo galardón literario a una escritora del Este... Durante la mañana atendí una llamada de la presidenta de un Colegio Profesional. Y por la tarde asistí a la cita en la clínica dental. La odontóloga tiene unas manos de oro y la higienista dental es magnífica. Fue un buen día, en general. Pero al llegar a casa, por la noche, observé que mi camisa favorita estaba aún sin planchar y la cena fría. Me parece inconcebible. ¡Inútiles! ¡No valéis para nada!
Luis Andrés Muñiz García. Alicante
Esa crisis
Nos bombardean a diario en los medios de comunicación con esa crisis, continua, perenne, que si la luz, que si el gas, que la gasolina, que la cesta de la compra, que la pobreza energética, que todo está por las nubes y los sueldos bajos, que los ganaderos, camioneros, agricultores, trabajan a pérdidas, y con la que está cayendo y con lo que estamos pasando, y los más pesimistas, que llega el holocausto y el fin del mundo. Por otra parte, todos los noticieros coinciden en que este 2022, se tienen que hacer muchas cenas de empresa en noviembre, porque en diciembre, mes escogido, otros años es imposible reservar. Si no se tiene reservado, es imposible comer un fin de semana. En el puente de diciembre, catorce millones de desplazamientos, a 2’5 personas por coche, 35 millones de personas. Las estaciones de esquí, 100% de ocupación. Canarias, Vigo, Madrid, Barcelona, Valencia, 100% de ocupación. Los trenes y aviones a Galicia duplicaron el precio, y ya no hay plazas. Las familias gastan un 11% más. En el Black Friday, 210 euros por español unos 800 millones de euros, la inmensa mayoría en electrónica y ropa, productos de primera necesidad, muy poco o nada. No creo que todos estos consumidores sean ricos. Y la pregunta es: ¿holocausto o vida y dulzura? La semana del puente ¿se acabaron el hambre, el frío, la pobreza energética y otras necesidades básicas, para regresar el lunes 12-12-22?
Manolo Díaz. Culleredo. A Coruña
Todavía duermen juntos
En 1978, joven e inexperto, yo acababa de aterrizar en el departamento de préstamos de la extinta CAMB. Una mañana se acercó al mostrador un señor bien vestido, algo mayor, con cara de muy buena persona. Me acerqué y me preguntó si era posible que a él le dieran un préstamo: «Es que yo tengo un poco de dinero ahorrado, mis ahorros de toda una vida, pero a veces me siento mal, porque ¿cómo puedo tener ese dinero ahorrado? Con eso y lo que me pudieran prestar, ayudaría a mi hijo. El matrimonio no va bien, pero aún duermen juntos y quizá con lo que los ayude se puedan arreglar y la relación mejore». A un joven sin mucho mundo como yo aquello lo impactó. Cuánto amor había en aquella persona, que se olvidó de su bienestar para anteponer el de sus hijos. Y a mí, un joven que empezaba a entrar en los entresijos de la vida conyugal, me dio una de las lecciones más bonitas de vida. Finalmente se le concedió el préstamo. El hombre, agradecido, vino varias veces a verme y, hasta donde yo pude saber, el matrimonio siguió unido y el hombre, feliz.
Juan Carlos Ruiz de Villa Getxo-Las Arenas (Bizkaia)
Por qué la he premiado… Porque demuestra que con generosidad hasta las adversidades lo son menos.