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El bloc del cartero

Enfermando

Lorenzo Silva

Tras el descontento con la educación, esa eterna asignatura pendiente para nuestros políticos, tan incapaces de pactar algo, llega a todas las pantallas el desmoronamiento de la sanidad pública, que venía siendo la joya de la corona y nuestra principal razón para el orgullo. El derrumbe va por barrios, como todo entre nosotros: efectos de que unos sean más ricos o estén mejor gestionados (o financiados) que otros. Pero el deterioro es general y entre otros factores deriva de la escasez de profesionales sanitarios, esas personas a las que hace nada obligamos a sostener una medicina de guerra por nosotros y a las que seguimos sin ofrecer condiciones laborales dignas, lo que las impulsa a emigrar. Ojo con esto, advierte una lectora. El aviso también va por los que pronto pedirán el voto.

Cartas de los lectores

El derecho a la sanidad pública

Cuando hablamos de sanidad, hablamos también de salud, ese derecho tan básico y universal. Por desgracia, hay muchos países en el mundo que no lo ... tienen. Nos podemos considerar afortunados de haber tenido la suerte de haber nacido o vivir en ese Primer Mundo donde la sanidad está financiada y sostenida por nuestros impuestos, justos y equitativos. Hace unos años, presumíamos de tener una de las mejores sanidades del mundo y era cierto, por calidad de sus coberturas y servicios. Pero algo está cambiando y de manera alarmante, más si tomamos como referencia la pasada crisis sanitaria. Ahí estuvieron en primera línea médicos y sanitarios y después se les 'olvidó'. Si antes se privatizaba o recortaba en salud, de una manera más o menos disimulada, ahora son ya muchas las comunidades que con todo desparpajo nos llevan a una medicina privada; por consiguiente, menos recursos para la pública. No son todas por igual, pero entonces el problema ¿cuál es? ¿Faltan médicos o enfermeras? ¿Quizá estos emigren buscando mejores condiciones? ¿O por algún oscuro problema ya no compensa la sanidad pública? No hace mucho me comentaba un familiar del otro lado del charco que teníamos suerte porque allí quien no dispone de recursos o seguros puede arruinarse o morir. Pues igual me dejó más tranquila, pero seguro que no a las generaciones venideras.

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