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El bloc del cartero

Ética

Lorenzo Silva

Según un conocido filósofo moral de nuestro tiempo, cada español tiene una ética, y algunos cabe sospechar que dos o tres, por lo que perfectamente podríamos andar por cincuenta millones de concepciones sobre el deber ser de las cosas, todas ellas convenientes a las apetencias y propósitos de sus usuarios, que se aproximan así al plácido y perpetuo goce de la felicidad. O no: o esto, como sabe cualquiera con dos dedos de frente, un mínimo de conciencia y alguna experiencia de la vida, es una burda falacia de la que, justamente por su propio bienestar, hay que proteger a los más inmaduros de entre nosotros, no sea que les dé por tomar esa vía al precipicio, individual y colectivo. Nos lo recuerda, en la carta de la semana, un docente de Ética. De la de verdad, no ese blandiblú acomodaticio que practica alguno.

Aquellas melenas

Ahora que me acerco a los 70 años, a menudo me sorprendo recordando historias de mi juventud. Hoy, sin ir más lejos, pensaba en el ... gesto rebelde que suponía para mi generación el (intentar) llevar el pelo largo en los años sesenta. En pleno esplendor de la beatlemanía, nuestro ferviente deseo era poder dejarnos el pelo largo como esos ingleses. Pero, en mi casa, no estaban por la labor. Cuando el pelo me empezaba a asomar por encima de la oreja, mi padre me mandaba al peluquero. Yo procuraba chafármelo, para que no lo notara, pero el engaño duraba pocos días. Hoy, los jóvenes llevan el pelo cortísimo, al estilo que le gustaba a mi padre, al cepillo y yo… sigo sin animarme a cortármelo así. El pelo largo ya no es sinónimo de rebeldía, ya nadie se escandaliza. Para nosotros, cuando al final conseguimos llevarlo hasta los hombros, significó un triunfo ante esa sociedad anticuada y cerrada como era la española de los sesenta. Y cuando nos decían que parecíamos nenas, contestábamos que Jesucristo lo llevaba así. Y nos quedaba una sensación de triunfo. Pero si hoy le contara esto a algún jovencito de cogote rapado, me miraría extrañado y pensaría: «Este tío es del siglo pasado». Como yo pensaba de mi abuelo. Lo triste es que el chaval tendría razón.

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