EL BLOC DEL CARTERO
Insatisfacciones
La insatisfacción, de todo tipo, tiende a ser el estado más común en nuestro tiempo. Ya sea como individuos o agrupados en comunidades, los hombres y las mujeres contemporáneos se manifiestan una y otra vez presa de ese desajuste entre lo que pretenden y lo que obtienen, lo que son y lo que desearían ser, lo que se les ofrece y lo que les gustaría tener a su disposición. En dosis razonables, ambicionar algo y hacer por conseguirlo puede ser un motor poderoso y saludable para ir por la vida. Cuando esa ambición se convierte en pulsión descontrolada e insaciable, puede, como nos señala uno de nuestros lectores, conducir al absurdo y a una desdicha que ningún logro bastará para contrarrestar. Quizá el arte de vivir tenga más que ver con atemperar el propio deseo que con espolearlo y alimentarlo sin tasa.
CARTAS DE LOS LECTORES
• 'Tinnitus'
Semanas atrás, empecé a percibir un zumbido en el oído izquierdo. Lo llaman 'tinnitus'. Apareció sin aviso. Perdí el silencio. No duermo, no ... logro concentrarme. El médico dice que debo acostumbrarme: es probable que el zumbido no cese nunca. Me cuesta hacerme a la idea. Por estadística, algo así debe tocarle a alguien, pero ¿por qué a mí? En la superficie, este 'mí' parece individual, pero se trata de un 'mí' universal. Como escribió Paul Auster, «piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro».
Javier Monforte Alarcón. La Vall d’Uixó (Castellón)
• 'Seriously, Jeff?'
Acabe usted los estudios, oposite o hágase con un puesto en el sector privado, despose a su enamorada, procree y consuma sin olvidar guardar algo para la jubilación. Para muchos, esta es la receta del éxito y de la felicidad que, se supone, lo acompaña. Aunque cada uno ponga su toque personal al atacarse a los fogones de la propia vida, pimentando más el plato o salando espartanamente para preservar la salud, quien más y quien menos sigue las pautas de los chefs de moda con la esperanza de que ingredientes simples compongan un epicúreo manjar. El problema de las delicatessen, y de la esquiva felicidad, es que al igual que los buenos restaurantes juegan con deleitar a los comensales para siempre dejarnos con ganas de probar su última creación, el sistema social en el que nos hemos atrincherado regala pequeñas dosis de contento, pero rezaga una y otra vez la meta de realización personal. Cuando por fin parece rozarse, la felicidad se promete de nuevo unos centímetros más allá. Nunca nada basta. Hasta los cerebritos de Silicon Valley, notables (y millonarios) por su pensamiento out of the box, son presa de la infinita insatisfacción que el 'más' perpetúa. Cuando Jeff Bezos presenta su vehículo espacial como la diferencia entre un futuro monoplanetario de escasez y una civilización en la que colonizaremos planetas para procurarnos los recursos que faltarán en la Tierra, se pregunta uno por qué nunca nos basta. Seriously, Jeff?
Manuel Suárez Botana. A Coruña
Ni uno más
Tengo miedo. Hace noches que en mitad de su oscuridad me imagino en las entrañas de un mar profundo a las que nadie, dicen, por experto que sea, ha conseguido llegar. Me encuentro donde el silencio ensordece y la oscuridad ciega buscando entender cómo la maldad más absoluta puede llevar a un padre a engendrar un plan tan diabólico que culmina con el asesinato premeditado de sus dos hijas de seis y un año y el posterior lanzamiento de los cuerpos a lo profundo del mar, solo para provocar el mayor dolor posible a la madre de las pequeñas, no encontrarlas jamás. Tampoco podemos olvidar, sin embargo, a Yaiza, asfixiada hace un mes por su madre para hacer daño a su exmarido; ni al pequeño Gabriel, asesinado por la pareja de su padre, presa de los celos por la buena relación entre los padres del niño. No me considero machista o feminista, parto de la base de que a estas alturas todos somos sí o sí iguales y que debemos remar en favor de los más vulnerables, nuestros niños. Apelo a leyes más duras, a no dejar caer en saco roto cualquier indicio, por pequeño que sea, de daño hacia el más preciado de los tesoros: la infancia.
Sonia M. Bote Martínez. Almendralejo
Por qué la he premiado… Por saber acercarse, con delicadeza para todos, a la oscuridad más sobrecogedora.