El bloc del cartero
Invisibles
Están ahí, pero como si no estuvieran. Algunos pueden hacerse oír y, aunque sea a duras penas, consiguen que se les haga caso, como la señora de edad avanzada a la que quieren torear en la Administración y en el banco, pero que logra hacer valer sus derechos, empezando por el de no tener ordenador. Otros tienen pocas esperanzas, como ese chaval de trece años que ya está enganchado a las drogas y a quien sus educadores tratan a la desesperada de salvar, espoleando a una burocracia que no es lo bastante ágil para alcanzarlo. Y otros se quedaron sin esperanza, como ese hombre del que no pudo despedirse la compañera de su vida, cuando el virus corría desbocado por los cuidados intensivos, y a quien un médico recuerda hoy. Son ellos, los invisibles. Gracias a quienes escriben aquí, lo son un poco menos.
Cartas de los lectores
Nunca debimos permitirlo
Ocurrió hace unos dos años. De guardia de Anestesiología para la atención de pacientes críticos de COVID, informaba telefónicamente a una mujer sobre la situación ... de su familiar, en la UCI desde hacía varios días. Todo iba mal. Tras referirle lo mejor que pude los pormenores de la situación, yo esperaba sus preguntas, pero no hizo ninguna. «Dígale que le amo, doctor, que le amo muchísimo. No deje que se muera sin decírselo». Desconcertado, sin saber qué replicar, perdí el valor y mentí: «Tiene que ser fuerte, esperamos que pueda decírselo usted, haremos todo lo posible». Nada más colgar, comprendí mi error. No, yo no esperaba que ella pudiera volver a decirle palabras de amor. Nunca. Solo había una cosa que podía hacer. Me vestí con todo el equipo de protección y aguardé a que la enfermera se alejara un poco del paciente. Entonces me acerqué a él, me quité la careta de plexiglás y la mascarilla y susurré en su oído: «Ella le ama, le ama muchísimo». Eso fue todo. En la terrible locura colectiva de aquellos días no volví a tener nunca más aquel paciente a mi cargo. No sé si sucedió algún milagro. No recuerdo sus nombres. ¡Ni siquiera recuerdo sus nombres! Solo recuerdo la fuerza de aquellas palabras: «No deje que se muera sin decírselo». Sé que nadie escuchó mis palabras y que ella nunca sabrá que las dije. Cuánto lamento no haberme saltado las reglas, no haber permitido que aquel amor tuviera un último momento de expansión, de comunicación, de vida. Cuántas veces ese día pensé en llamarla, en pedirle que viniera a verle, en dejarla pasar a escondidas para que le hablara al oído, para que tomara su mano. Pero opté por dar ejemplo y no hacer excepciones. No me atreví a ser médico. Nunca debimos permitir algo así. No supimos hacerlo de otro modo.
José Ramón Rodríguez Fraile. Hospital Universitario de Guadalajara
Soy mayor, pero no tonta
Voy al cajero con mi cartilla a sacar cuarenta euros y está estropeado. Llamar, esperar, aparece señorita: «Tiene que pedir cita, no funciona». Necesito ir a comprar. «En ventanilla le cobro dos euros». No funciona el cajero, cómo lo saco. «Tiene que pagar dos euros». Hoja de reclamaciones, me los devuelven a los quince días (dos euros, son míos, no de ellos). Siguiente semana: Muface, hoja para subvención de gafas. Voy a por la solicitud. «Pida cita por ordenador». No tengo; le lloro un poco, me da la solicitud, la relleno allí por no volver: debo coger un autobús para ir. Se la voy a dar y dice que se la envíe por correo (en la oficina solo había cinco empleados en sus mesas, nadie de público). Lloro otra vez. «Bueno (haciéndome un favor), baje y métala en el el buzón del portal, así sin sobre; bueno tenga este (uno usado)». Hice lo que me mandó y les escribo.
María del Carmen Fernández Sánchez. Alicante
Hablan las armas, la ONU calla
En una reciente encuesta sobre si la ONU es útil para mantener la paz, un escaso 51 por ciento ha contestado que sí. La ONU fue fundada en 1945 por cincuenta países, con el fin de que hubiese un organismo de diálogo y encuentro entre las diferentes naciones, razas y culturas. Hoy la componen 193 países. Uno de sus mayores logros fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus treinta artículos. Algunos (18-19-22-25-26 y 30) son el pilar del respeto, la libertad y los derechos básicos de las personas. Lamentablemente, con el tiempo la ONU ha ido perdiendo su razón de ser, según han primado los intereses políticos, económicos y geoestratégicos de los grandes países sobre los derechos y necesidades de los pequeños. Y sobre todo de los cinco grandes que aún ostentan un 'anacrónico' derecho de veto sobre los asuntos que les conciernen. Ya es hora, y espero no sea ya tarde, para que la ONU inicie una reforma de su modo de operar, sus prioridades y su cumplimiento efectivo de los Derechos Humanos. Solo una organización en la que estos primen y se busque la unidad de todos para evitar situaciones como las de Ucrania y, antes, Siria, Líbano, Centroáfrica... tiene razón de existir. Si no somos capaces de lograrlo, no tiene sentido mantenerla, con su politizada estructura actual.
José Martín Escudero. Zaragoza
Proteger a Juan
Juan tiene trece años, el último día que vino al instituto lo trajo la Policía Nacional. A ratos desbaratado, cariñoso, le gusta el baloncesto y, cada vez más, las drogas. Los Servicios Sociales del Ayuntamiento lo han derivado al Servicio de Menores de Aragón, tan saturado. También ha pasado por la Unidad de Salud Mental, pero va poco y no se puede hacer que vaya más. Al instituto dejó de venir, aunque se lo llama y se intenta, pero no se ve con otros compañeros haciendo lengua y mates. Ahora sus colegas de calle son mayores y alguno ya conoce Zuera. Esto es Huesca, nos conocemos todos, pero eso a él no le sirve. Y así estamos, tras cuatro meses desde el primer informe donde ya se ponía que lo que no se invierta en prevención se hará en cárcel. Todo un sistema trabajando y demostrando que este chico se nos ha escapado por las grietas como si fuera cristal y cada día se estrella contra el suelo con más consumos. ¿Opciones? El pataleo de esta carta, de otra a Justicia de Aragón, al defensor del menor... ¿Y? Él seguirá en la calle hasta que llegue la crónica de una muerte anunciada. No hay recursos para atender a un crío al que le han tocado malas cartas en la vida. Él existe y hoy volverá a las calles. ¿Llegaremos a protegerlo a tiempo?
Lola Giménez. Huesca
Por qué la he premiado… Porque no podemos perder a Juan, a todos los Juanes: no sin intentar de veras que no se pierdan.