El bloc del cartero
Librescos
Ahora que ha llegado la IA para ofrecernos la enĆ©sima coartada para la ignorancia āĀæpara quĆ© leer o estudiar si llevarĆ© en el móvil una app a la que le voy a poder preguntar cualquier cosa y que me harĆ” quedar como un experto?ā se conjuran nuestros lectores para reivindicar la cultura libresca, esa que anida en los libros de papel de toda la vida, con los que tantos nos formamos. PodrĆ” despacharse como anacronismo o como vano ramalazo de nostalgia, pero contra esa caracterización se alzan en la memoria de quienes aĆŗn no la hemos perdido las mil ideas y los mil momentos imperecederos que nos proporcionó una pĆ”gina, y que hacen palidecer a los cientos de horas idos ya sin huella ante una pantalla. Por eso, entre otras cosas, toca reivindicar esas bibliotecas que algunos cierran, o tardan aƱos en reabrir.
titulosecundario titular="Las cartas de los lectores
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La princesa del tutĆŗ rosa
ĀæHay algo mĆ”s gratificante para los amantes de la lectura que pasear un DĆa del Libro ... en una soleada maƱana de domingo? CaminĆ”bamos mi marido y yo, felices, de puesto en puesto, y comentĆ”bamos a la vez la pena de que se vendan tan pocos libros en papel. De repente sentĆ un roce en mi mano izquierda. Una niƱa de no mĆ”s de cuatro aƱos nos adelantó corriendo con un cuento de ilustraciones de tapa dura, casi mĆ”s grande que ella. Dobló la esquina y, al llegar nosotros a su altura, la vimos sentarse en el suelo, apoyada en la pared. Se arregló la alborotada falda de tul rosa y apartó su melena rubia de la cara. Todo deprisa, como si la vida le fuera en ello. Luego se obstinó en abrir su cuento. Su madre, que la vigilaba a la distancia, vio que la mirĆ”bamos arrobados. «”Es que le gustan tanto esos cuentos que no puede esperar a llegar a casa ādijo casi disculpĆ”ndoseā, siempre me hace lo mismo!Ā». La niƱa habĆa logrado abrir el libro y ya estaba inmersa en sus aventuras. Yo solo pude exclamar: Ā”QuĆ© cosa mĆ”s bonita!
Soraya Pascual. Zaragoza
Manuel Alvar, apertura ya
El pasado 23 de abril, DĆa del Libro, y a cuatro aƱos ya del cierre por obras de la biblioteca pĆŗblica Manuel Alvar, en el distrito de Salamanca de Madrid, se realizó una manifestación, modesta pero reivindicativa, para reclamar la pronta apertura de la misma. Tuvo un aire festivo en el que el cĆ”ntico mĆ”s coreado fue «”Manuel Alvar, apertura ya!Ā» y pudieron leerse carteles como Ā«De la A a Iceta abre la bibliotecaĀ», Ā«Promesas incumplidasĀ» o Ā«Manuel Alvar, 1458 dĆas cerradaĀ». Asistieron numerosos niƱos con sus padres, jóvenes y mayores. DespuĆ©s, se leyó un manifiesto. Las bibliotecas se abren, no se cierran.
Francisco José Eguibar Padrón. Madrid
La cultura libresca
Las frases cervantinas traslucen una sabidurĆa basada muchas veces en una gramĆ”tica parda. Cervantes era un genio que aprendió de los libros y de los tropiezos de una vida desgraciada. Ā«El que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe muchoĀ». Viajar o leer como inapelables formas de conocer. Recorrer el camino de la vida acompaƱado tambiĆ©n de Galdós, ClarĆn, Baroja, Unamuno, Machado y otros faros de la cultura. La cultura libresca estĆ” formada por los viajes apasionantes por el tiempo y el espacio de todas las Ć©pocas, el trato de personas y personajes, con sus ideas y sentimientos. Las alegrĆas y tristezas, el dolor y el placer, la decepción y la esperanza; los libros como reflejos de
vidas y sueƱos, aunque muchas veces la vida invente mĆ”s que la ficción. Es verdad que tanta sensibilidad y sabidurĆa es para concluir que todo termina con la muerte. Mientras, Cervantes nos consuela diciendo que Ā«el sueƱo es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertosĀ».
JosƩ Fuentes Miranda. Madrid
Contribuyentes estoicos
La campaƱa de la declaración de la renta nos hace tomar conciencia de que a los contribuyentes de clase media con el IRPF, IVA y demĆ”s tasas, nos quitan mĆ”s del 40 por ciento de los ingresos. En vez de indignarnos por la dilapidación de nuestras aportaciones en despilfarro, corrupción, fraude y evasión fiscal, estructuras administrativas y polĆticas excesivas e inoperantes, es mejor adoptar una actitud estoica y, ya que tampoco tenemos otra alternativa, pensar que nuestros impuestos contribuirĆ”n al bien comĆŗn, solucionando los problemas que nos amargan la vida como la inflación, paro, salarios precarios, incierto futuro para la juventud, dĆ©ficit y deuda pĆŗblica, desigualdad, deterioro del Estado de Bienestar... AdemĆ”s, es mejor dar que tener que recibir ayudas. Pero, aunque no tengamos control directo sobre el destino final de nuestros impuestos, sĆ podemos votar para elegir los polĆticos mĆ”s eficaces, eficientes, participativos, honrados... exigiĆ©ndoles transparencia y rendición de cuentas.
Fernando Serrano Echeverria. Eibar (GuipĆŗzcoa)
A quiƩn pertenece EspaƱa
Amo a mi paĆs y me duele cuando se burlan de Ć©l, sobre todo si lo hacen compatriotas, amigos y/o familiares. Estas burlas me han llevado a preguntarme; Āæa quiĆ©n pertenece EspaƱa? Y no me refiero a sus bienes, sino a algo mĆ”s importante e inmaterial; el propio concepto de nación. He debido viajar 1750 kilómetros para saberlo. En PaĆses Bajos, todos los nativos que he conocido, al saber que era espaƱol, han sido especialmente atentos conmigo, alabando tanto a EspaƱa como a los espaƱoles, mientras su rostro se iluminaba y sonreĆan. Como me dijo en la plaza Dam de Ćmsterdam un revisor de tranvĆa, que vivió 11 aƱos en Nerja, Ā«EspaƱa es un paĆs muy especial y lo mejor de Ć©l sois los espaƱolesĀ». Me embargó gran emoción al oĆrle, y asĆ se lo hice saber con un profundo agradecimiento. Y sentĆ lĆ”stima por los compatriotas que desprecian a nuestro paĆs, porque cuando viajen, no podrĆ”n disfrutar de este bello momento del que yo gocĆ©. Y por el que merece la pena vivir y ser espaƱol, ya que son instantes como ese los que engrandecen nuestra condición humana.
Roberto RodrĆguez Vesga. Bilbao
Indiferencia
Es habitual ver en el transporte pĆŗblico como los jóvenes, abducidos por el móvil y sus auriculares, pugnan por ocupar los asientos libres sin darse cuenta de que a su lado hay una persona mayor que quizĆ” lo necesite. Es uno mĆ”s de los sĆntomas de esa perniciosa patologĆa de la que muchos jóvenes adolecen: la indiferencia hacia sus mayores. Los ven a su alrededor sin percatarse de lo que tienen delante, son para ellos como las hojas marchitas de un Ć”rbol, condenadas a caer en el olvido. No son conscientes de que por esas venas y arrugados rostros discurre toda una vida, que la mirada de una persona mayor alcanza a ver mucho mĆ”s que la de ellos y que juzga con mĆ”s acierto. Soy joven y aĆŗn no sĆ© mucho de la vida, pero no creo que esta indiferencia sea sana. Mientras que nuestros mayores se preocupan por el mundo que nos han de dejar, parece que nosotros solo estamos pendientes de nuestro ombligo. ĀæAcaso toda una vida bregando no merece respeto y consideración? El futuro no existe, solo el presente. Es aquĆ y ahora donde hemos de asentar los cimientos del maƱana, pero si no atendemos a los que mĆ”s saben, si no acudimos a los que ya tienen mucho camino andado a sus espaldas, si no hacemos de los mayores nuestros referentes, lo que construyamos no se sostendrĆ” por mucho tiempo.
Miguel Rico GarcĆa. Madrid
Por quĆ© la he premiado⦠Porque son necesarias estas rĆ”fagas de conciencia entre el aturdimiento si queremos preservar lo que nos trajo hasta aquĆ.