Viernes, 16 de Mayo 2025, 11:05h
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Que se vaya la luz durante un buen puñado de horas no es para la sociedad en la que vivimos lo que era para la sociedad en la que algunos nacimos: una molestia que se afrontaba con velas, resignación y buen ánimo. Perder la corriente en los enchufes es hoy sinónimo de paralización abrupta del modo de vida al que todos, en mayor o menor medida, nos hemos habituado como si lo necesitáramos. Sufrir un apagón es en ese contexto una conmoción, pero también un recordatorio de que otra forma de vivir, menos repleta de chisporroteos virtuales, era y es posible. Lo que no quita para que quienes ostentan alguna responsabilidad sobre este cero la asuman cabalmente ante la comunidad defraudada en su confianza en los cables y en todo lo que de ellos depende. Algo que, por lo que parece, jamás ocurrirá.
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