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El bloc del cartero

Deshumanizando

Lorenzo Silva

Día sí y día también una gran compañía anuncia el despido de miles de personas que han dejado de serle necesarias, o mejor dicho que han pasado a serle onerosas y por tanto prescindibles, porque lo que hacen lo puede hacer mejor y más rápido un agente de inteligencia artificial. Cuentan que en China van más allá: te obligan a describir todo lo que haces en tu puesto de trabajo para pasárselo a una herramienta de IA que será la que así te sustituya. Más allá de si la premisa –que la IA lo haga mejor– es correcta, la amortización de lo humano nos plantea preguntas cruciales: el sentido del trabajo, del conocimiento o de la vida. ¿Estamos cooperando a una dimisión masiva para que cuatro y sus robots nos den luego las migajas? ¿Serán tan generosos? Entretanto, ahí van cuatro cartas sobre el valor de las personas.

LAS CARTAS DE LOS LECTORES

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Mamá

Últimamente dice mucho «mamá», no sé si les ha pasado, pero raspa la piel. Escuchar a alguien de 95 años llamar a su madre es un eco sagrado que trasciende el tiempo. A esa edad, el alma se desprende de las capas de la adultez para volver a su esencia más pura. No es un olvido, es un regreso. Es el corazón buscando el primer refugio que conoció, la voz que arrullaba sus miedos y las manos que sostenían su mundo. Cuando el camino se vuelve largo y la memoria se nubla, 'mamá' es la palabra brújula; el puerto seguro donde habita aún el niño que nunca se fue. Es puro amor pidiendo volver a casa. Lleva un tiempo siendo mitad bebé, mitad adolescente. Si ustedes oyen a estas personas pronunciar la palabra 'mamá', no se alejen.. | Marian de León. Correo electrónico.

Su propia red social

¡No se conocían. Sin embargo, sus miradas sintieron que la compañía del otro les haría sentirse bien. De edad avanzada, ambos estaban solos desde hacía tiempo, al haber perdido a sus respectivas parejas. Apenas hablaron; iban uno al lado del otro, en silencio, hasta encontrar un banco en el parque. No hablaron de su pasado: solo se miraban. Y era suficiente para encontrar paz y bienestar. Quedaron en verse al día siguiente, en circunstancias parecidas. Con el tiempo, llegaron a conocer la vivienda de cada uno. De vez en cuando comían juntos, leían juntos, las miradas seguían siendo su lenguaje. La sexualidad, a su edad, era sustituida por caricias y besos improvisados que demostraban el afecto que sentían. No pensaban en el futuro; lo importante era la sensación de estar bien junto al otro. Sin saberlo, habían creado su propia red social. | Pedro Marín Usón. Zaragoza.

En un banco frente al mar

Está escrito en una pequeña lámina de metal y clavado en un banco que 'mira' al deslumbrante paisaje que ofrece al visitante el cabo de la Nao, en Jávea. No tiene firma, pero sí destinatario, y se sospecha el país de origen del autor, ya que está escrito en inglés. Traducido, dice: «En memoria amorosa de Annette Parfery (1942-2020). Ella amó este lugar. Descanse en paz su preciosa alma». Dos mensajes en uno. El primero expresa el amor a la naturaleza que Annette debía de sentir al pasar horas y horas contemplando lo que tenía a sus pies: el mar que no cesa de golpear islotes y altos farallones, y la mezcla de pinos y casas blancas que parecen deslizarse ladera abajo hasta que frenan ante el peligro de caer por el acantilado. El otro mensaje es el de preguntarse si dentro de un mundo como el nuestro, tan insolidario y materialista, queda aún gente como el autor de este In the loving memory, quizá su marido, su hijo o quien sabe si su amante, que es capaz de preocuparse por dejar, en el sitio preferido de Annette, esta doble declaración de amor, por la naturaleza y por ella. Reconforta saber que lo hay. | Agustín del Pino. Madrid

La carta de la semana

¿Por qué la he elegido…? Porque imaginar lo indeseable puede ser también una forma de conjurarlo.

Eutanasia digital

Escribo esta carta con el pesimismo sereno de quien se sabe mortal. Veo la tele, leo el diario, miro el móvil... y me siento una marioneta. Solo percibo el 'gigantismo' de Roszak, que creía que aún podíamos salvar la conexión humana y la Tierra si evitábamos confiar en este gigantismo geopolítico, económico y militar. Llegamos tarde, me temo. Somos el fuel del 0,1 por ciento de los hijos ultrarricos de la Élite Mundial. Me entristece que a nadie le importe. No tengo energías para convencer a nadie. Estoy de retirada y rendición. Nadie desconectará sus bailes, gags, vídeos de gatitos ni dejará de creer noticias espurias. No incomodaré a nadie con mi opinión sesgada ni conectaré con nadie para lograr un mundo mejor. Haré scroll infinito, no seré amigo de la duda ni una persona autónoma (pensar es de ricos) y tomaré mi pentobarbital sódico digital disfrazado de dopamina aunque este sea el último dolor que la Humanidad me causa. Y esta la última carta que le escribo.

Vicente Palacios Asunción. Logroño

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