El bloc del cartero
Despenalizando
Un profesor de Derecho Penal nos aporta un punto de vista interesante sobre los cambios legales que se suceden vertiginosamente en este final de año. Aunque tienden a ignorarlo quienes pactan esos arreglos urgentes, incluso retrospectivos, de responsabilidades penales, las normas jurídicas son un artefacto delicado y complejo, y más aún lo son las punitivas, que lidian con la privación de algo tan sensible como la libertad personal. Lo malo de penalizar y despenalizar con cálculos tan perentorios como los actuales es que luego vienen los que no tienen tanta prisa, aplican como es su deber principios que por algo llevan ahí décadas, o siglos, y el resultado escandaliza y ofende. Una vez ahí, basta con culpar a quien se limita a aplicar su ciencia. Es el privilegio del ignorante y del desaprensivo.
Las cartas de los lectores
Tipos penales
Resulta habitual en la comunidad universitaria que los estudiantes cedan a sus compañeros de cursos inferiores tanto manuales como apuntes. El problema estriba en que ... hace unos días se me acercó un alumno de segundo de Derecho para pedirme mi trabajado Código Penal. Sin emitir juicio personal alguno, le advertí con cierta pena de que quizá no le serviría. Así, opté por recordarle a título informativo algunas de las numerosas modificaciones de tipos penales (propuestas, en trámite o efectivas) en materia de: inducción y cooperación al suicidio (eutanasia), delitos sexuales ('solo sí es sí'), protección del menor, actuación de piquetes, hurto, blanqueo de capitales, malversación y delito de sedición, entre otros. Al respecto, quería transmitir mi alegría por las editoriales jurídicas, que a este ritmo van a aumentar considerablemente sus ventas, y mi apoyo a todo el que se encuentre estudiando las mencionadas novedades.
Patrick Chart Pascual. Pamplona
Raúl Guerra Garrido
Quisieron los hados que me encontrase con Raúl, en su periplo por el Canal de Castilla. Voz profunda y suave, cálida amabilidad, aspecto de sabio e inteligente modestia; fue necesario que Maite, 'su mujer', me advirtiese de que se trataba de un escritor consagrado, para que yo recordase haber leído El año del wolfram, mientras perseguía minerales, allá en el Bierzo profundo. Siempre fue valiente y por ello sufrió el terrorismo del País Vasco. Le quemaron la farmacia, después la de su mujer y, amenazado de muerte, se vio obligado a compartir La soledad del ángel de la guarda. Pero, sobre todo, es un escritor, con universo propio y distintas obras maestras, tan grande como desconocido. Un escritor al que profeso admiración y un austero cariño que me ha impedido leer Patria.
Juan Manuel López Vallina. Correo electrónico
Casero opresor y capitalista
Leo que la ministra de Economía, Nadia Calviño, «se abre a compensar a los caseros por el tope del alquiler». Así una facción del Gobierno recorta lo pactado en un contrato de alquiler, y otra, no conforme, anuncia hacer lo contrario. Es la reencarnación del bombero pirómano. Soy uno de esos caseros afectados. Tengo una vivienda en un pueblo andaluz, construida, fruto de mis ahorros, en el solar que heredé de mis padres. La arrendo con un contrato legal, pero como soy un 'casero capitalista, opresor, fascista y esquilmador de la clase obrera y trabajadora' debo soportar las veleidades de una ministra sin más razones que su ideología comunista. Habrá tal vez entidades propietarias de gran cantidad de casas a las que acaso les duela menos la injusta medida, pero el atropello a muchos arrendadores como yo es una flagrante iniquidad nacida de este Gobierno.
Miguel Mantero Ramírez. Madrid
Niño de lágrimas
Me ha resultado impactante y profundamente dolorosa la escena de la guerra de Ucrania donde unos periodistas emiten en directo cómo ha alcanzado una bomba a una mujer que se desangraba mientras su hijo se le abrazaba soltando lágrimas de dolor. Aún me emociono al ver esas imágenes y lo malo es que es la punta del iceberg de esa maldita guerra sucia orquestada por un dirigente, Putin, que se merece lo peor. Y observo en esta guerra que la maldad existe, y o malo es que a veces la maldad gana a la gente de buenos sentimientos y buen corazón como el caso de la madre y su hijo como he empezado diciendo. Y ¿qué podemos hacer? Aparte de rezar, siendo solidarios económicamente cada persona según su capacidad adquisitiva y acoger, quien pueda, a gente en sus casas fuera de su país. A los políticos les pediría menos palabrería y ganas de hacerse fotos y más implicación. Y bueno, en unos días comenzará Navidad, y yo sí voy a acordarme de la buena gente de Ucrania, de las víctimas de esa barbarie e injusticia, y sí, seguiré rezando esperando si es posible un milagro de Navidad que sería el final de esta maldita guerra. Ojalá.
Mónica Rubio Ochoa. Cullera
Ya no nos acordamos
Ahora mismo los médicos y el personal de enfermería de media España están o tienen previsto estar en huelga. Y no pasa nada. A nadie le interesa, menos a los pacientes que no reciben atención y son derivados a urgencias, colapsando este servicio aun más de lo que ya lo está. No sólo piden más dinero. Piden más tiempo para ver a sus pacientes. Contratos más estables. Y turnos y guardias más previsibles. Y todo me parece tan normal y justo que no entiendo dónde está el problema. Ya no nos acordamos de cuando nos salvaron la vida a todos con bolsas de basura como única protección, cuando nadie sabía el cómo ni el porqué se moría la gente. ¿Estamos tontos o qué? Quemar a esta gente que se jugó su vida por todos es matar nuestro futuro. Si se van a otros lugares no es por que les guste. Dejan su país, su familia y su gente hartos de que se les trate como temporeros de una profesión que en otros países se rifan. España los forma y el resto de Europa se aprovecha de ello. Y son las comunidades autónomas las que tienen las competencias en sanidad. A pensar qué vamos a hacer en la próxima pandemia. Que con aplausos no se cura la gente.
Luis A. Díez. Correo electrónico
Disforia de clase (social)
'Disforia' (según la RAE: estado de ánimo de tristeza, ansiedad o irritabilidad) se entiende, por lo general, con no estar a gusto con lo que se es. Palabra empleada actualmente sobre todo en la expresión 'disforia de género' (antes denominada 'trastorno de identidad de género'). Pero también se puede hablar de otras 'disforias', como, por ejemplo, la 'disforia de clase social'. Esto es, uno no se siente a gusto con la clase social a la que pertenece y se identifica con otra clase social (más 'alta' o más 'baja'). No voy a citar aquí a casos actuales —por otra parte, bien conocidos por todos— que se dan con mucha frecuencia, sólo voy a traer a colación a un personaje de la novela de George Orwell Que no muera la aspidistra. Se trata de Ravelston —amigo del protagonista, Gordon— y editor de una revista, Antichrist, que perteneciendo a la clase aristocrática y gozando de una más que holgada renta anual, sentía esa disforia y se consideraba como un proletario socialista. Pues así, como este personaje de ficción, así los hay en la realidad de nuestra sociedad actual. Encontramos hoy a quienes gozando de una posición desahogada —por no decir 'capitalista'—, se sienten en su 'conciencia' como proletarios y defensores de los mismos; eso sí: sin sufrir ni compartir las penurias que estos soportan. Quizá es la 'conciencia de clase' de la que nos habla, en su obra Historia y conciencia de clase, György Lukács (por cierto, nacido en el año 1885 en Budapest en el seno de una familia de la alta burguesía). Pienso que a esta autopercepción o 'conciencia de' se le pueden aplicar las palabras de Jorge Cafrune: «conciencia es solo un decir, pa´ no ofender nada más».
Julio Guerrero Gimeno. L’Alcudia de Crespins (Valencia)
'Bullying' social
Cada año, al inicio del curso escolar, los medios publican noticias relacionadas con el bullying . Imágenes duras que se quedan en nuestras retinas y en nuestro corazón. Con mi carta quiero dar visibilidad al bullying social o psicológico, ese que no se ve, no se puede fotografiar, tampoco grabar, y no por eso es menos duro. Es el tipo de acoso que sufre nuestra hija (hoy, de 17 años) desde que tiene uso de razón. Entre todas las personas que la han rodeado, sobre todo en su etapa escolar, han conseguido de forma consciente aislarla. Vivimos en una localidad de dos mil habitantes donde nos conocemos todos: el que no es familia, es vecino o amigo (o eso creíamos). Cada fin de semana o festivo (Halloween, carnavales...), mi hija se arregla para ir de compras, al cine, a alguna terracita con sus padres. No tiene una amiga/o con quien salir, nadie con quien compartir; nadie la saluda, nadie le habla, es como si fuera invisible. No voy a juzgar a nadie (los hechos hablan) ni quiero dar pena, tenemos salud y ella, una familia de la que rebosa amor a raudales. Esto no quita que le hayan arrebatado una etapa tan crucial de su vida sin que nadie haya movido un dedo por ayudarnos, más bien todo lo contrario. Gracias por la atención.
Margarita. Correo electrónico
Por qué la he premiado… Por si a alguien, al leerlo, le viene a la cabeza algo... y algún propósito de enmienda.